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Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre.
Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.


A la Virgen de la Candelaria

Santa María de la Candelaria, que, junto a San José, presentaste al niño Jesús en el templo, presenta también a Dios Padre nuestras oraciones, angustias, inquietudes, luchas e ilusiones por los hijos y nietos;
muéstrales todos los días la luz de Jesucristo,
Camino, Verdad y Vida.
Santa María, auxilio de las familias, que conociste la dicha de la unidad familiar, cuida el amor de los esposos, acrecienta sus gozos, ponte al lado de sus cruces, vela por sus peligros y acude en ayuda de los matrimonios en dificultades como hiciste en Caná de Galilea.
Santa María, cumplidora de la voluntad del Padre, que fuiste recibida en el templo por el anciano Simeón y la viuda Ana, acoge ahora a las personas mayores de nuestra familia y ayúdalas a estar atentas al paso de Dios que quiere todavía de ellas testimonio grande de fe y amor.
Santa María, Madre de la Luz, ruega a Dios Padre por nuestros familiares y amigos difuntos, para que ellos puedan participar contigo y con Tu Hijo de las fiestas de la Eterna Luz.
Acuérdate también de tu hijo Adolfo, Arzobispo, y presenta al Padre de las misericordias su inmensa caridad pastoral. Santa María, Madre de los Sacerdotes y de las Religiosas, acompaña a los elegidos de Tu Hijo para que el Espíritu Santo los fortalezca en el camino de la vida consagrada a Dios y a los hermanos; e intercede ante Tu Hijo para que nunca falten a nuestras familias los ministros de la Palabra Divina que tanto necesitamos.
Santa María de la Candelaria, Patrona de Camagüey,
que muestras la luz de Cristo a tus hijos desde más de 490 años,
ayúdanos a conservar los valores de la dignidad, honestidad, rectitud
y fidelidad a Dios, a la Patria y a la familia
que nos enseñaron los grandes hombres y mujeres
que nos antecedieron en la historia. Amén.


A la Virgen de la Caridad

Santa María de la Caridad,
Madre del Señor Jesús,
te veneramos con especial cariño y amor.
Te alabamos,
Madre y patrona del pueblo cubano,
porque has estado presente en todas las luchas,
penas y alegrías de tu pueblo.
Virgen Mambisa,
proclamada y venerada
por nuestros veteranos.
Te pedimos que hoy, como ayer,
estés presente en la vida
de tu pueblo querido;
este pueblo que busca el amor,
la comprensión y la unión sincera
de todos los cubanos.
Te ofrecemos:
el esfuerzo de nuestros cristianos,
el trabajo de nuestros obreros y campesinos,
el estudio de nuestros jóvenes,
la sonrisa de nuestros niños,
el dolor de nuestros enfermos,
el desvelo vigilante y callado de nuestras madres,
la soledad de tantos hermanos,
viudas y huérfanos, la entrega generosa
de nuestros mártires y difuntos,
el sentimiento noble y sencillo
de nuestro pueblo. Madre de la Caridad
lleguen hasta tu altar del Cobre,
tan amado y venerado,
las súplicas que te presentamos. Amén.

A la Virgen de Regla

Nuestra Señora de Regla,
que libras a los que te invocan de muchos peligros y a los navegantes los guardas
en sus viajes dilatados, y peligrosos y los llevas felizmente al puerto que desean.
Acudiendo a ti,
se salvan los perseguidos por sus enemigos; los enfermos por ti sanan,
los impedidos cobran fuerzas
y nuestros males encuentran remedio en ti.
Venerando tu memoria,
¡oh María de Regla, Reina del cielo!
imploramos tu protección y favor,
pidiéndote nos alcances de tu Hijo Divino
el consuelo de una buena conciencia,
salud y fuerzas para servirlo a él,
y venerarte a ti, Madre nuestra.
Te pedimos también el remedio de nuestras
necesidades y especialmente, las de aquellos
por quienes te hacemos esta oración.
Esperamos, Señora, por tu intercesión,
conseguir lo que pedimos,
por la eficacia de tus ruegos ante el Altísimo.
Amén.


Oración para pedir la bendición a la Virgen

Contigo voy Virgen pura,
y en tu poder voy confiado
pues yendo de Ti amparado,
mi alma volverá segura.
Dulce madre no te alejes
tu vista de mí no apartes
ven conmigo a todas partes
y solo nunca me dejes.
Y ya que me protejes tanto
como verdadera madre,
haz que me bendiga
El Padre, El Hijo, y el Espíritu Santo, Amén.


A la Virgen de la Merced

¡Virgen de la Merced!
Madre de Dios y Madre de la Iglesia,
Reina de los ángeles
y refugio de los pecadores,
a ti me acerco, lleno (a) de amor y confianza, seguro (a) de que siempre escuchas a tus hijos, pues eres Madre de misericordia.
Te pido, Madre querida,
que mi fe, esperanza y caridad
crezcan y se fortalezcan.
Que viva siempre como verdadero (a)
hijo(a) de Dios y como hijo(a) tuyo(a), Madre mía.
Te consagro todo lo que tengo
y todo lo que soy: mi vida, mis trabajos,
mis alegrías y mis sufrimientos.
Quiero ser totalmente tuyo (a),
deseo seguir tus pasos
por el camino que me lleva a Cristo,
Redentor de los hombres.
No me abandones, Madre celestial.
Concédeme lo que de corazón te pido
para mí y para todos los que sufren y lloran.
Te pido especialmente por los que, culpables o no, están cumpliendo su condena en las cárceles. Dales fortaleza. Que no se sientan solos nunca, sabiendo que tú los acompañas y que sus familiares y amigos los quieren y los recuerdan con cariño.
Te prometo vivir
siempre agradecido(a) por tus favores y amarte cada día más. Virgen de la Merced, ruega siempre por mí y por todos tus hijos. Amén.


A Nuestra Señora del Carmen

Virgen del Carmen,
llevamos sobre nuestro pecho
tu santo escapulario,
signo de nuestra consagración a ti.
Gracias a tu escapulario, Virgen bendita, somos miembros del Carmelo y participamos de la consagración a ti, que eres la cabeza de esta familia.
Santa María, abogada y mediadora de los hombres,
no podríamos vivir nuestra consagración
con olvido de quienes son tus hijos
y nuestros hermanos.
Por eso, nos atrevemos a consagrarte
la Iglesia y el mundo,
nuestras familias y nuestra Patria.
Te consagramos especialmente a los que sufren en el alma y en el cuerpo: a los pecadores, los tentados, los perseguidos, a los marginados, los presos, los desterrados, a los enfermos, los hambrientos...
Madre y Reina del Carmelo,
por nuestra consagración
somos del todo tuyos ahora en esta vida.
Que lo sigamos siendo también
en la eternidad. Amén.


A la Virgen de la Medalla Milagrosa

Dios te salve, Reina de cielo y tierra!,
¡Madre de los pecadores!
Con nuestro corazón lleno de confianza, acudimos a tu maternal afecto.
Al contemplarte en la medalla
con los brazos abiertos,
invitando a todos a acercarse a ti, y al mirar cómo brotan de tus manos,
como rayos luminosos,
las bendiciones abundantes
que concedes sin cesar,
nos sentimos animados
para acudir a tu favor
y presentarte nuestras necesidades...
[Pídase privadamente la gracia que se desea),
Tú, María, esperanza nuestra,
siempre dispuesta a cumplir
en todo momento la voluntad divina, concédenos confianza en el poder de Dios, que nos dará lo que pedimos con fe, si es para su gloria y si realmente nos conviene.
Cuando creamos que no nos escuchó,
cuando no comprendamos "sus caminos",
ayúdanos, Madre, a crecer en la fe,
para que sepamos aceptar,
como tú supiste hacerlo al pie de la cruz,
lo que Dios quiere de nosotros,
en lugar de pretender
que Dios haga lo que nosotros queremos.
¡Madre de todos los hombres, enséñanos a decir: Amén!
¡Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti! Amén.


Oración a la Virgen del Camino

Santísima Virgen del Camino:
Bajo tu mando maternal nos cobijamos,
durante nuestros viajes por los caminos
que nos conducirán a fin inevitable: la muerte.
Mientras viajamos,
vamos en pos de la Estrella Polar
que alumbra nuestros mares,
no dejes de alumbrarnos Madre Nuestra,
para que jamás nos envuelvan las sombras del mal; llévanos a seguro puerto
para que allí cantemos la gloria
y nos otorgue la inmortalidad,
Aquel que es la Resurrección y la vida: Jesús.
Acepta, Madre amabilísima,
la oración por los caminantes,
para que tu protección lo salve de todo mal
y le consigas el triunfo definitivo. Amén.

A la Virgen por las epidemias

Santa María de la Merced,
Tú que nos amas y velas por nosotros porque somos tus hijos, te pedimos protección alcanzándonos tu eficaz ayuda.
Te aclamamos ahora pidiéndote tu auxilio
para superar pronto esta epidemia que está afectando a nuestro pueblo.
Cúbrenos Madre de la Merced con tu manto, líbranos de ese mal. Ruega a tu Hijo Jesucristo, para que haga el milagro con su poder de arrancar esta epidemia.
Guía a las autoridades y a quienes tienen
el poder de decisión para que sepan
establecer medidas y prioridades
para ayudar a toda la población,
y en particular a quienes son más vulnerables.
Concédenos prudencia y serenidad
para actuar con mucha responsabilidad.
Vela por la recuperación de los afectados
y no permitas que este mal siga propagándose.
Madre del verdadero Dios, por quien se vive, encomiéndanos a la misericordia
de aquel que nos sanó con sus llagas
y nos libró de la muerte con su resurrección.
Enséñanos a confiar en tu Hijo Jesús,
el gran médico divino, quien tiene todo poder,
de hacer desaparecer esta epidemia y sanar pronto a quienes ya están afectados.
Que con su poder haga salir pronto de esta adversidad fortalecidos en la fe,
la esperanza y el amor.
Amén


ORACIONES PRINCIPALES

SALMOS

ORACIONES A JESUCRISTO

ORACIONES A LA VIRGEN

ORACIONES PARA LOS NIÑOS

ORACIONES DEDICADAS A LOS SANTOS

ORACIÓN POR EL ANIVERSARIO 100 DE LA DIÓCESIS DE CAMAGÜEY

ORACIONES POR DIVERSOS MOTIVOS

Comentarios   

Anemonalove
0 #1 La Iglesia Católica en Camagüey, Cuba (versión beta)Anemonalove 16-07-2017 09:27
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