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Foto de diáconos cubanos con Mons. Domingo Oropesa, en la celebración del XX Encuentro Nacional de Diáconos con esposas. Catedral de Cienfuegos.

Por: Diác. Miguel Ángel Ortiz Corrales.

San Lorenzo fue uno de los siete diáconos regionarios de Roma por tanto un hombre de confianza del Sumo Pontífice, encargado de distribuir las ayudas a los pobres.

 

En el año 257 el emperador Valeriano publicó un decreto de persecución contra los cristianos. Cuatro días después de que fuera asesinado el Papa San Sixto, en el lugar que hoy se levanta la Iglesia de San Lorenzo en Panisperna, Lorenzo recibió el martirio, según la tradición, en una parrilla, donde  fue quemado vivo. Su cuerpo fue enterrado fuera de los muros de Roma, en la vía Tiburtina. En el siglo IV el Papa Sixto III construyó una Basílica, siendo una de las iglesias que se deben visitar cuando se hace el peregrinaje de las siete iglesias de Roma. En muchos lugares en esta fecha, 10 de agosto, se celebra el día del diácono.

La primera referencia que tenemos del ministerio del diaconado la encontramos en la Sagrada Escritura, en la carta a los Filipenses, Pablo dirige su carta a los santos de Filipos, con sus obispos y sus diáconos (cfr. Flp 1,1) y algunos ven el surgimiento del diaconado en el libro de los Hechos de los Apóstoles. (cfr 6,6).

Los Padres de la Iglesia reconocieron los tres grados y los consideraron esenciales en la estructura e identidad  de la comunidad eclesial. En las cartas de Ignacio de Antioquia se indica de manera especial que los diáconos fueron considerados “asistentes” del obispo, asistiéndolos en el ministerio de la Palabra. Al mismo tiempo el diácono servía como delegado del obispo ante la comunidad local o foránea. El diácono era: “los oídos, la boca, el corazón y el alma del obispo” (Didascalia Apostolorum, II, 44,4).

Al momento de la apertura del Concilio Vaticano II  la idea de la restauración del diaconado ya iba en camino.

En el año 1964, en el número 29 de la Constitución Lumen Gentium, los padres del Concilio piden a Pablo VI que restaure el diaconado permanente para la iglesia occidental(en la iglesia oriental nunca dejó de existir). El 9 de junio de 1967, fiesta de San Efrén, en Roma, el Santo Padre restauró el Orden del diaconado para la iglesia occidental  con la carta apostólica, SacrumDiaconatusOrdinem. A partir de este momento las Conferencias Episcopales podían hacer la petición para poder llamar a hombres, solteros y casados, a participar del Sacramento del  Orden en el grado de diácono.

En nuestra iglesia en la década de los 70 se solicitó a la Santa Sede la restauración del diaconado y se obtuvo la aprobación, se hizo un primer intento que por razones del momento histórico no pudo concretarse, no es hasta el 24 de octubre de 1987, fiesta de San Antonio María Claret, que en la diócesis de Camagüey se reúne por vez primera el naciente grupo de candidatos al diaconado convocados por el hoy Siervo de Dios Mons. Adolfo Rodríguez Herrera┼, quien fuera un incansable impulsor de este ministerio y de su comprensión dentro de la iglesia que está en Cuba.

El día 16 de julio de 1988, en la diócesis de Camagüey, por imposición de manos de Mons. Adolfo Rodríguez┼, es ordenado, en la Iglesia Ntra. Sra. de la Caridad, el primer diácono permanente de la Iglesia en Cuba. Hoy en Cuba trabajamos 86 diáconos permanentes,  presentes en toda la realidad de la vida de la Iglesia.

Los diáconos desarrollamos nuestra labor, en la mayoría de los casos, acompañados por nuestras esposas que también de forma directa o indirecta apoyan y participan de nuestra misión.

Comentarios   

Neidys
0 #1 Felicidades diáconosNeidys 12-08-2020 00:05
Es muy importante la labor de los diáconos en la Iglesia. Damos gracias a Dios por ellos y sus familias
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