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Por Yisbel Calleiro Pérez

La Diócesis de Santa Clara festeja hoy 11 de agosto su santa patrona y este ha sido motivo para que volvamos una mirada al pasado y recordemos a la mujer de carne y hueso que se hallaría entre las más grandes figuras de la historia de la Iglesia.

 

Santa Clara de Asís es sinónimo de dulzura, pureza, rectitud, humildad y bondad; son los adjetivos más pronunciadospor los que tuvieron el privilegio de conocerla. También cuenta la historia que fue educada por su madre según la costumbre de la época para una pequeña nacida en una familia de la nobleza, rodeada de los más exquisitos remilgos y para la que se había soñado una unión matrimonial con hombres grandes y poderosos.Cabe suponer que, dado su origen noble su formación cultural iría más allá de lo que era habitual, especialmente para una mujer. Pero como la historia la construyen los hombre, en el camino que traza Dios, Clara de Asís se convertiría en historia a contar, controversial y sagrada.

Nacida en Asís, Italia 1194 probablemente el 11 de julio. Hija mayor de un matrimonio que formaba parte de la nobleza de la época, creció en el palacio fortificado de la familia, en medio de enfrentamientos entre la burguesía y el pueblo por lo que su familia se ve obligada a exiliarse en una ciudad vecina. Se dice que desde su más corta edad sobresalió en virtud, rezaba todos los días tantas oraciones que tenía que valerse de piedrecillas para contarlas.

De regreso a Asís, Clara comenzó a oír hablar de algo que iba a influir de manera decisiva en su vida, la conversión del joven Francisco, el rey de la juventud de Asís, hijo de un rico comerciante que había renunciado a su vida fácil y comenzado una vida de penitencia, retiro y oración, conviviendo con los pobres y leprosos, a los que ayudaba generosamente con los bienes de la familia. Quedó fuertemente impresionada por la conversión de Francisco y fue madurando en ella la idea de compartir su forma de vida y pobreza. Con este fin se encontró en varias ocasiones con el santo, haciéndolo a escondidas dadas las lógicas resistencias del ambiente.

Huye de la casa paterna a los 18 años por no encontrar apoyo en su decisión de consagrarse a la vida franciscana, opción que la familia consideraría, sin lugar a dudas, una bajeza inaceptable. Francisco alienta su decisión y espera a que la santa clarifique sus ideas de modo que estuviera segura del camino que iba a seguir. Con la ayuda y el consejo de San Francisco y a pesar de la oposición de la familia, fundó la orden de monjas franciscanas conocidas como la orden de las Damas Pobres, y de un modo más popular llamada Clarisas Pobres.

Luego de intentos frustrados por lograr la aprobación pontificia de su regla franciscana, redactada unas teniendo como base a la Regla de Francisco y el Papa Inocencio IV le concede su aprobación mediante Bula, el 9 de agosto de 1253. En el pergamino original, en la parte superior del mismo, se lee, escrito por el propio Papa: “Hágase según se pide”.El detalle a tener en cuenta es que el regalo de su aprobación es recibido por la Santa en su lecho, postrada por padecer una penosa enfermedad que hacía temer en más de una ocasión su próxima muerte.

Pobre y humilde, Clara fue una mujer de intensa oración, oración contemplativa, oración de escucha de la Palabra de Dios, también una mujer de penitencia y de exquisita y tierna caridad. Clara es una llamada al cristiano de hoy a reconocer la propia necesidad de concentrarse en Dios y descubrir la verdadera felicidad.

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