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Por Neidys Hernández Avila

 

Canto inicial.

 

Señal de la Cruz.

Oración para todos los días.

Virgen de la Caridad del Cobre, Madre de Dios y Madre nuestra; ¡te veneramos con especial cariño y amor, y te damos gracias por acompañar la fe de nuestro pueblo! Maestra de virtud, que aprendamos de ti a obrar siempre el bien, para que nuestras familias vivan en paz y armonía, las nuevas generaciones se comprometan con nobleza en la revolución de nuestra patria y así Cuba pueda vislumbrar un futuro mejor. Enséñanos a amar a Jesús como tú, para que seamos testigos de ese amor en medio de los que más sufren. Ante la prueba, Madre, ¡que no perdamos la esperanza! Amén.

Mirada a la realidad.

Pedro Luis y Yamila celebraron sus bodas hace apenas 8 años. Desde entonces han deseado tener hijos, pero no resulta. Han ido a varios hospitales, se han realizado numerosas pruebas, han cambiado de especialistas varias veces y nada.

Parece que el del problema es él (le dice la madre de Yamila a su vecina): –Yo se lo dije desde un principio que ese hombre no le convenía, pero ella se enamoró.

-Josefa y por qué no intentas decirle que se insemine artificialmente –aportó la vecina.

-¿Tú crees que no se lo he dicho? Pero ella solo le hace caso a él. Desde que empezaron en la Iglesia, están muy raros. Dicen que eso de la inseminación va contra Dios. Pero yo me pregunto: ¿acaso los hijos no son un derecho?

-No, mami, no lo son –Yamila responde desde el pasillo mientras se acerca a la sala donde las señoras conversan. Saluda y se deja caer en el sofá

-¿Cuántas veces vamos a hablar sobre esto mamá? Minerva, ella sabe que yo lo que más anhelo es tener un hijo y darle un nieto, pero Pedro y yo hemos hecho todo lo posible por disponernos a recibirlo, pero no ha llegado. Nos ha costado trabajo y sufrimiento, aceptar que no podrá ser. Pero eso no nos ha matado la vida y las ganas de paternidad y maternidad que tenemos dentro.

-¡Hija, pero ustedes son tan jóvenes!

-Llegó un momento en que nos sentíamos desesperados, porque veíamos que no resultaba. Hoy día vivimos con mucha paz. Yo creo que es cosa de Dios.

-Perdona que te diga esto –arguyó la vecina –pero no sé cómo pueden creer en Dios si les ha quitado esta posibilidad.

Yamila queda pensativa un momento y de pronto, resuelta como quien ha descubierto una chispa, mira a los ojos a Minerva mientras toma sus manos y le dice:

-Mini, Pedro y yo somos felices, muy felices, hay dentro de nuestro matrimonio una felicidad muy grande y es la fe, la fe en el Señor y en la Virgen. Los hijos son un don, no un derecho; son un regalo, no una exigencia. Esto nos ha hecho madurar sobre nuestra relación y el sentido de nuestromatrimonio. Estamos buscando juntos aquello para lo que Dios nos ha unido más allá de la procreación que está en nuestro anhelo, pero quizá de otra forma. Podemos ser padres y fecundos de muchas maneras y créeme cuando te digo que esto nos ha llenado de una gran esperanza.

¿Qué les parece esta historia? ¿Es posible tener esperanza cuando parece que todo se pierde? ¿Cómo ha descubierto este matrimonio un nuevo camino de felicidad y realización? ¿Qué enseñanza nos deja esta historia?

 

 

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