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Por Neidys Hernández Avila

 

Canto inicial.

Señal de la Cruz.   

Oración para todos los días.

Virgen de la Caridad del Cobre, Madre de Dios y Madre nuestra; ¡te veneramos con especial cariño y amor, y te damos gracias por acompañar la fe de nuestro pueblo! Maestra de virtud, que aprendamos de ti a obrar siempre el bien, para que nuestras familias vivan en paz y armonía, las nuevas generaciones se comprometan con nobleza en la revolución de nuestra patria y así Cuba pueda vislumbrar un futuro mejor. Enséñanos a amar a Jesús como tú, para que seamos testigos de ese amor en medio de los que más sufren. Ante la prueba, Madre, ¡que no perdamos la esperanza! Amén.

Mirada a la realidad.

Hace tiempo que pasó el huracán. A Orestes lo habían evacuado en la escuela del pueblo. Esa noche fue terrible, la fuerza de los vientos y las fuertes lluvias destruyeron lo poco que tenía. A la mañana siguiente cuando entre los árboles tirados en la calle se abría paso para dirigirse a su casa llevaba consigo la esperanza de verla en pie. Al llegar encontró un terrible escenario. Todo lo suyo en el suelo, algunos recuerdos destruidos. Solo pudo salvar pocas pertenencias personales y muebles viejos. Podría decirse que lo perdió todo.

–Eso fue hace 4 años (dice con la voz tomada y los ojos humedecidos) lo que viví no tiene nombre. Al otro día vinieron unas muchachas y me tomaron los datos y que me iban a ayudar con un techo y cemento. Pero ya hace tiempo de eso y lo que me dieron no me alcanzó para hacer la casa completa.

Orestes vive en un cuartico con un pequeño baño y una sala donde caben 3 personas sentadas. Una sensación de asfixia cuando entras en ella. En medio de la sala un Sagrado Corazón.

Era de la vieja (dice con una sonrisa abierta) fue de las pocas cositas que salvé. Ella se me fue hace algunos años, pero yo nunca estoy solo. Siempre el Señor está conmigo. Óigame, si no fuera por ese Dios yo no estuviera aquí hablando con Ud. ¡Porque mira que me ha tocao sufrir en la vida!

Esa de ahí es La Caridad, señala una pequeña estampa anclada a una foto de bodas, delante una flor en un vaso con agua.

–Soy un hombre de fe. No necesito mucho para vivir, pero eso sí, me gustaría que la gente de la Iglesia me visite más como Ud. ahora. ¡Me dan alegría, compadre! La Virgen me aguanta todas mis quejas. ¡Tremenda madre! A veces me regaña, pero yo tengo ya más de 70 años en las costillas. ¿Ud, cree que puedo aprender a estas alturas?

Orestes ríe desenfadadamente y mientras lo hace me cercioro de que no note mis lágrimas, porque nunca había visto tanta fe en medio de tanto dolor.

¿Qué les parece esta historia? ¿El testimonio de Orestes ilumina en algo tu vida? ¿Conoces a alguna persona que viva de ese modo su confianza en Dios? ¿Qué enseñanza te deja esta historia?

Iluminación Bíblica:                                                                                                                       Lc 1, 26-38

Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» María respondió al ángel: « ¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios.» Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.

Reflexión:

En este segundo día de la novena queremos reflexionar sobre la confianza, experiencia clave en nuestra vida de fe y en las relaciones interpersonales.

Vivimos en un contexto social en el que la confianza pasa por una gran prueba. Las grandes carencias materiales y de valores nos afectan tanto que nos llevan a desconfiar de todo y de todos, generando así un empobrecimiento de las relaciones humanas, una espiritualidad mediocre y una pérdida de la paz.

¿Cómo puede progresar una persona, una familia, una comunidad cristiana, una sociedad cuando se está carcomido por la desconfianza? La desconfianza genera división y la división conduce a la ruina.

El bien y la verdad son las bases en las que se funda la confianza, cuando existen nobles intenciones, cuando se persevera en el bien y la verdad, crece la virtud, se confía en las personas, en las estructuras sociales y se vive en paz. ¡Qué importante formar la conciencia personal y social bajo estos presupuestos!

Confiar supone desproveerse de seguridades y esperar lo mejor del otro, lo mejor de Dios. María, es maestra de confianza. Fue ella la escogida, la inmaculada, la que atrajola mirada de Dios por su humildad, su fiat fue el canal a través del cual Dios se encarnó y confió en el hombre para siempre, porque ella supo confiar en Dios, ponerse en sus manos con total entrega.

La confianza genera confianza. Descubrir que Dios confía en nosotros nos ayuda a ser más responsables en nuestra relación con Él y esto mismo sucede en las relaciones interpersonales. Confiar supone arriesgar, apostar por el otro, desde su libertad; si Dios lo ha hecho con nosotros, ¿no lo vamos a hacer con nuestros hermanos?

¿Qué tengo que hacer para fomentar la confianza, en mi espiritualidad y en mi relación con los demás?

Canto intermedio  

Decena del Rosario

En este momento piensa en silencio aquella gracia que quieres pedir a Dios por intercesión de la Virgen de la Caridad durante esta novena (Breve silencio). Ofrecemos esta decena del rosario por aquellas personas que están sumergidas en medio de grandes dificultades, para que sepan abandonarse en las manos de Dios como María.

Compromiso personal

¿A qué me comprometo a vivir en este día? Pienso en algo concreto que pueda hacer para manifestar el amor y la fe en el Señor.

Bendición

El Señor Todopoderoso, nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.

Canto final

Gesto comunitario

En este momento vamos a ofrecer los dones que cada uno ha traído para compartir con una familia necesitada.

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