Valoración del Usuario: 0 / 5

estrella inactivaestrella inactivaestrella inactivaestrella inactivaestrella inactiva
 

Por Neidys Hernández Avila

 

Canto inicial.

 

Señal de la Cruz.   

Oración para todos los días.

Virgen de la Caridad del Cobre, Madre de Dios y Madre nuestra; ¡te veneramos con especial cariño y amor, y te damos gracias por acompañar la fe de nuestro pueblo! Maestra de virtud, que aprendamos de ti a obrar siempre el bien, para que nuestras familias vivan en paz y armonía, las nuevas generaciones se comprometan con nobleza en la revolución de nuestra patria y así Cuba pueda vislumbrar un futuro mejor. Enséñanos a amar a Jesús como tú, para que seamos testigos de ese amor en medio de los que más sufren. Ante la prueba, Madre, ¡que no perdamos la esperanza! Amén.

Mirada a la realidad.

William está triste. En este tiempo de cuarentena ha podido estar más tiempo en su casa, pero para él ha sido un infierno. Cuando mejor están las cosas se arma la pelea. Elisa, su madre, pinta uñas y cada día hay un jolgorio de mujeres con nasobucos en la sala de su casa. Su padre Lorenzo trabaja en el Central, uno de los pocos que está moliendo en la provincia y se va desde muy temprano y regresa a las 8 de la noche luego de pasar por el bar del pueblo a drogarse de alcohol con sus compinches. Esa es la hora a la que William más le teme.

–A veces quisiera volar lejos, irme de mi casa, desaparecer (su vista se pierde en el Sagrario, una mirada cansada e insatisfecha). Es que no puedo entender la vida de mis padres. ¡No son felices, no lo son!Llevan muchos años casados y desde que tengo uso de razón viven peleándose todos los días. Mi hermana se tranca en el cuarto y yo me tengo que tragar toda la historia.

Un silencio envuelve la Capilla y William se siente acogido y abrazado por el Señor.

–Jesús tú eres el único que me escucha, te pido por mi familia para que me ayudes a sanar la relación con mis padres. ¿Cuándo viviremos en paz?

La luz del Santísimo brilla en señal de presencia y el corazón de William se ilumina. Sale por la puerta con mucha más serenidad. Se va a irradiar lo que tantas familias necesitan puesto que él, a diferencia de muchos, ha descubierto dónde está la fuente de la verdadera paz.

¿Qué te aporta el testimonio de este joven? ¿En nuestros hogares se respira la paz de Cristo? ¿Cuándo las cosas se ponen difíciles, soy quien serena y apacigua o formo parte del conflicto? ¿Conoces a algún joven que viva esta problemática? ¿Cómo lo podemos ayudar?

Iluminación Bíblica:

 

El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él. Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca. Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.» El les dijo: «Y ¿por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debía estar en la casa de mi Padre?» Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.

Reflexión:

Es muy usual en nuestros tiempos la convivencia de varias generaciones de una misma familia bajo un mismo techo. Quienes viven esta experiencia tienen grandes oportunidades: transmitir sabiduría a los más jóvenes, ayudar en los quehaceres hogareños, colaborar en el cuidado y educación de los pequeños…; en el caso de los jóvenes: aprender de los mayores, servirles y acompañarles, cuidarles y alegrarles la vida. Visto de esa forma todo parecería ideal y perfecto, sin embargo, la realidad, aunque no anula estas y otras oportunidades, no está exenta de problemas que lejos de ayudar a la convivencia familiar lo que hacen es destruirla, haciendo del ambiente hogareño un infierno y no un lugar de paz.

Costumbres, carácter, voluntad, respeto, condiciones materiales, educación, edad… han de armonizarse de manera delicada y puntual para que la convivencia se oiga como suave melodía.

En el texto que hemos escuchado, María, con su actuar, nos muestra pautas que ayudan a armonizar la familia: van juntos como familia al templo, deja espacios de libertad a su hijo mientras regresan a casa, preocupada, junto a José, desanda el camino cuando notan su ausencia, le pide cuentas respetuosamente, escucha sus criterios, guarda en el corazón…

Permiso, perdón, gracias…, son tres palabras claves que nos ofrece el Papa Francisco para cultivar la vida matrimonial y por qué no familiar.

La paz que se experimenta en el hogar es clave, pues de ella depende el buen convivir o no en los otros ambientes en los que nos relacionamos. El hogar es el espacio de descanso, de armonía, de tomar fuerzas, de renovarse para enfrentar lo duro de la vida en sus otros ambientes, si el hogar no es lo que debe ser, comienza entonces una cadena de insatisfacción que acarrea graves consecuencias por doquier.

La fuente de la paz verdadera viene siempre de Dios, “Mi paz les dejo, mi paz les doy, no se la doy como la da el mundo”(Jn. 14, 27). El mundo ofrece contenturas pasajeras, Dios ofrece la paz verdadera: la paz del corazón, la que perdura aun en medio de obstáculos; la que garantiza la paz del hogar y todo lo que esta pueda multiplicar. La paz es fruto del amor, es un don de Dios que hay que cultivar, es responsabilidad de todos comprometerse en esta tarea. 

¿Dónde buscas la paz? ¿Te consideras un hombre o una mujer de paz? ¿Te comprometes a ser artífice de paz? 

Canto intermedio         

Decena del Rosario

En este momento piensa en silencio aquella gracia que quieres pedir a Dios por intercesión de la Virgen de la Caridad durante esta novena (Breve silencio). Ofrecemos esta decena del rosario por las familias divididas, por aquellas que no saben cómo dialogar y experimentan la división y la violencia en su seno.

Compromiso personal

¿A qué me comprometo a vivir en este día? Pienso en algo concreto que pueda hacer para manifestar el amor y la fe en el Señor.

Bendición

El Señor Todopoderoso, nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.

Canto final

Gesto comunitario

En este momento vamos a ofrecer los dones que cada uno ha traído para compartir con una familia necesitada.

 

Escribir un comentario

Comente aquí


Código de seguridad
Refescar