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Por Neidys Hernández Avila

 

Canto inicial.

Señal de la Cruz.   

 

Oración para todos los días.

 

Virgen de la Caridad del Cobre, Madre de Dios y Madre nuestra; ¡te veneramos con especial cariño y amor, y te damos gracias por acompañar la fe de nuestro pueblo! Maestra de virtud, que aprendamos de ti a obrar siempre el bien, para que nuestras familias vivan en paz y armonía, las nuevas generaciones se comprometan con nobleza en la revolución de nuestra patria y así Cuba pueda vislumbrar un futuro mejor. Enséñanos a amar a Jesús como tú, para que seamos testigos de ese amor en medio de los que más sufren. Ante la prueba, Madre, ¡que no perdamos la esperanza! Amén.

 

Mirada a la realidad.

 

Este es el segundo tratamiento de Cinthya. La quimio ha sido fuerte pero no se ha visto demasiados resultados. El tumor parece haberse reducido pero aun así van a probar con otra terapia. Una joven a la que le han pronosticado a lo sumo dos años de vida.

 

–Cuando supimos de lo que se trataba nos derrumbamos (comenta su mamá) fue como entrar a una pesadilla. Teníamos la esperanza de poderla tratar a tiempo, pero ya era muy tarde. Y ahí está. Sin embargo, se ha portado mejor que yo ante el dolor. Siempre pensé que no lo soportaría y cada día me sorprendo de lo que veo.

 

–¿Cómo es eso?, le pregunta el médico que la atiende.

 

–Doctor, yo dejé que ella empezara en la iglesia desde pequeña. Se animó por unas amiguitas que iban y pensé, mal no le va a hacer, entonces la dejé ir. Después comenzó a crecer, a acercarse y comprometerse más. Casi no salía de la iglesia. Yo fui algunas veces con ella, a mí no me educaron en eso, pero nunca le dije que no.

 

–Anjá y que más –dijo el doctor casi asombrado.

 

–Bueno, luego llegó esta desgracia y ella estuvo mal, muy deprimida. Imagínese una joven de 22 años. Pero luego empezó a recibir visitas de la gente de la comunidad, el cura estuvo por aquí y le rezó, los muchachos del grupo de jóvenes no han dejado de venir. Y yo la siento más confortada. Está como muy animada. Reza todas las noches porque yo la veo por la rendija de la puerta. Tiene una alegría que yo no sé de donde viene. ¡Varias veces me ha dado ánimo a mí, figúrese! Es eso, doctor, que a mi hija me la han cambiado. No es natural estar en esa situación y contagiar tanta alegría.

 

¿En qué piensas cuando escuchas un testimonio como este? ¿Puede una persona vencer la angustia provocada por una enfermedad? ¿Conoces a alguna persona que viva su enfermedad con la misma dignidad con la que Cinthya la lleva? ¿Qué te aporta este testimonio?

Iluminación Bíblica:     

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

Reflexión:

La escena de María al pie de la cruz es una de las más conmovedoras de todo el evangelio. ¡Qué duro es para una madre ver morir a su hijo! Sin embargo, la imagen de María no es la de una mujer descontrolada y cegada por el dolor, sino la de una madre traspasada por el sufrimiento y sostenida con una fuerza inexplicable pero real, que la hace permanecer firme: la fuerza de Dios.

Él me dijo: «Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza». (2 Co 12, 9)

La pedagogía de Dios contrasta con la pedagogía humana. La fortaleza expresada en términos humanos, va unida siempre al poder, a la fuerza física, a la salud, al dinero, a la seguridad…, realidades que la vida puede revertir y en un abrir y cerrar de ojos despojar al hombre de todo aquello que pensaba poseer, en lo que sustentaba su fortaleza dejándolo en el sinsentido.

La fuerza de Dios se conjuga de otra forma, a veces inexplicable pero cierta. Es en lo pequeño, en lo escondido, en lo que no vale para el mundo, donde radica la fuerza que Dios infunde al ser humano. Aquello que más cuesta, lo que implica sacrificio para construirse, es lo que más se valora, se ama y en lo que se permanece.

Fidelidad, amistad, vida de oración, humildad, generosidad, intimidad con el Señor… ¡Cuánto cuesta construir una vida sellada con estos valores! ¡Cuántas tentaciones a superar! ¡Cuántas veces hay que empezar! Pero cuando llega la prueba, ¡cuánto nos sostiene todo esto! ¡Qué fuerza nos da el haber sido fieles, cuánto nos conforta sentirnos rodeados de amigos verdaderos…, la generosidad se multiplica, aceptamos nuestros límites y descubrimos a Jesús, nuestro amigo, siempre ahí!

Canto intermedio         

Decena del Rosario

En este momento piensa en silencio aquella gracia que quieres pedir a Dios por intercesión de la Virgen de la Caridad durante esta novena (Breve silencio). Ofrecemos esta decena del rosario por todos los enfermos, especialmente aquellos que sufren enfermedades terminales y se sienten solos y abandonados de Dios.

Compromiso personal

¿A qué me comprometo a vivir en este día? Pienso en algo concreto que pueda hacer para manifestar el amor y la fe en el Señor.

Bendición

El Señor Todopoderoso, nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.

Canto final

Gesto comunitario

En este momento vamos a ofrecer los dones que cada uno ha traído para compartir con una familia necesitada.

 

 

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