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Por Neidys Hernández Avila

 

Canto inicial.

Señal de la Cruz.   

Oración para todos los días.

Virgen de la Caridad del Cobre, Madre de Dios y Madre nuestra; ¡te veneramos con especial cariño y amor, y te damos gracias por acompañar la fe de nuestro pueblo! Maestra de virtud, que aprendamos de ti a obrar siempre el bien, para que nuestras familias vivan en paz y armonía, las nuevas generaciones se comprometan con nobleza en la revolución de nuestra patria y así Cuba pueda vislumbrar un futuro mejor. Enséñanos a amar a Jesús como tú, para que seamos testigos de ese amor en medio de los que más sufren. Ante la prueba, Madre, ¡que no perdamos la esperanza! Amén.

Mirada a la realidad.

–Yo te lo digo que no hay nadie en el barrio como ella (agregó Susana, mientras con prisa abría la puerta de su casa para irse al trabajo). Yo quisiera que tú vieras cómo abrazó a Carmen el otro día. Con todo lo que ella le ha hecho, yo no sería capaz de perdonarla.

–Ay Rodrigo, es que Estela es así, una mujer de puro corazón. ¿Acaso no recuerdas cuando vinieron al pueblo aquellos orientales que hicieron el «llega y pon» detrás del terreno de pelota? ¿Quién les llevaba comida a cada rato? Ella. Te lo digo que es pura caridad.

–Sí, tienes razón. ¿Cómo puede dar tanto siendo ella misma tan pobre?–dice Rodrigo mientras arranca el motor.

–Tiene un profundo amor que es capaz de perdonar, compadecerse y dar hasta que duela. No dudes tú que cuando muera vaya directo al Cielo. ¡Cuánto bien nos hace conocer personas así.

–Bueno monta que te quedas, que ya estamos atrasados. Mírala, mírala allí –Susana la saluda con devoción.

–Buenos días, Estela.

–Buenos días, mis hijos –responde ella, al tiempo que lleva una bolsa cargada de plátanos sobre sus hombros. Sabe Dios para quién serán.

Esa es Estela, la viejita más querida del barrio.

¿Conoces a personas como Estela? ¿Y qué crees de ellas? ¿En qué modos concretos puedes vivir la caridad? ¿Te atreverías a seguir el ejemplo de esta mujer?

Iluminación Bíblica:                                                                                                           1 Cor 13, 1-8

Aunque hable todas las lenguas humanas y angélicas, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo estruendoso.

Aunque posea el don de profecía y conozca los misterios todos y la ciencia entera, aunque tenga una fe como para mover montañas, si no tengo amor, no soy nada.

Aunque reparta todos mis bienes y entregue mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es paciente, es amable, el amor no es envidioso ni fanfarrón, no es orgulloso ni destemplado, no busca su interés, no se irrita, no apunta las ofensas, no se alegra de la injusticia, se alegra de la verdad. Todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca acabará.

Reflexión:

Queridos hermanos y hermanas, hemos hecho el itinerario de la caridad mientras acompañábamos a María en la oración y a nuestros hermanos con gestos concretos de amor.

Esta reflexión quiere recoger las experiencias vividas y ponernos entre todos a resaltar aquellas riquezas espirituales que hemos descubierto en este camino. El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres.

Las pruebas de la vida tienen una razón y un sentido para todo aquel que espera en Dios.

La caridad es la máxima virtud, aquella que engloba a las demás. Sin esta, como bien nos ha recordado San Pablo, no somos nada.

Dulce María Loynaz, una poetisa cubana, decía que la caridad es el fruto más noble del hombre. Cada vez que amamos con totalidad, nos acercamos más a la imagen de Dios y junto al Creador, recreamos la vida y transformamos la historia.

Mañana viviremos en toda Cuba la Fiesta solemne de nuestra Madre, Reina y Patrona. ¡Qué mejor regalo a la Virgen que hacer vida en nosotros cada una de las virtudes que hemos desarrollado durante estos días! Y siempre, siempre, poner la mirada en Cristo, el Señor, aquel a quien la Madre llevó en la intimidad de su seno, compartió con sus hermanos y acompañó en la hora de la prueba.

Hoy día, seguimos experimentando situaciones difíciles, momentos de desvalimiento, en los cuales nuestras fuerzas se ven superadas, más en esas circunstancias es cuando se evidencia el amor eterno y fiel de Dios por cada unode nosotros. Pertenecer a la Caridad significa apostar por el amor frente a todo y todos, contar con Dios en cada proyecto personal, familiar y social, educar en la fe a nuestros niños, adolescentes y jóvenes, cuidar con amor la vida desde antes de nacer y hasta la muerte, vivir en clave de perdón y reconciliación, no cansarse de soñar y proyectar, amar la Patria como se ama lo más íntimo y nuestro, permanecer al lado de los que menos tienen y de quienes más sufren, saber defender la verdad y la justicia en estos tiempos que corren, enamorarse de Dios y darlo a los demás como el mayor de los tesoros.

¡Ante las pruebas, Madre, que no nos dejemos robar la esperanza!

Canto intermedio         

Decena del Rosario

En este momento piensa en silencio aquella gracia que quieres pedir a Dios por intercesión de la Virgen de la Caridad durante esta novena (Breve silencio). Ofrecemos esta decena del rosario por todos nosotros que hemos acompañado a la Virgen estos 9 días para que encarnemos el amor de Dios, la caridad y acompañemos a aquellos que son víctimas del odio y el rencor.

Compromiso personal

¿A qué me comprometo a vivir en este día? Pienso en algo concreto que pueda hacer para manifestar el amor y la fe en el Señor.

Bendición

El Señor Todopoderoso, nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.

Canto final

Gesto comunitario

En este momento vamos a ofrecer los dones que cada uno ha traído para compartir con una familia necesitada.

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