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Por Neidys Hernández Avila

La Madre Teresa de Calcuta goza de la presencia de Dios y por eso está en los altares. Hoy 5 de septiembre es su fiesta. La grandeza de esta pequeña mujer fue la de dar siempre testimonio de servir a Cristo en los "más pobres entre los pobres", enseñando que la mayor pobreza no estaba enlos barrios humildes de Calcuta, sino en los lugares donde muchas vecesfalta el amor o en las sociedades que permiten el aborto.

El Papa Francisco la canonizó el 5 de septiembre de 2016 en una Misa celebrada en la Plaza de San Pedro, a la cualasistieron unas 120 mil personas. La Santa albanesa murió el 5 de septiembre de 1997 en Calcuta, India a los 87 años de edada causa de un paro cardiaco.

A los 18 años ingresó en la Congregación de las Hermanas de Loreto en 1928, un año después llegó a la India e hizo sus primeros votos en 1937. Estuvo 20 años en dicha congregación.

El 7 de octubre de 1950 fundó a las Misioneras de la Caridad, con el carisma de entregarse por los más pobres entre los pobres. En 1963 fundó la rama masculina los Hermanos Misioneros de la Caridad, en 1973 a las

Hermanas Contemplativas, en 1979 a los Hermanos Contemplativos, y en 1984 a los Padres Misioneros de la Caridad y el movimiento Corpus Christi para sacerdotes. La Congregación cuenta con alrededor de 4 mil religiosas en 594 casas en todo el mundo.

En 1979 se le confirió el Premio Nobel de la Paz.

En Cuba las Misioneras de la Caridad están presentes en la Arquidiócesis de Santiago de Cuba, específicamente en El Cobre y en la Diócesis de Ciego de Ávila. Allí realizan una bella labor.

Santa Teresa de Calcuta vivió santamente, tuvo visiones de Jesús, quien le fue mostrando la nueva misión a la que la llamaba. "Ven y sé mi luz", le suplicó el Señor. Cristo le reveló su dolor por el olvido de los pobres, su pena por la ignorancia que tenían de Él y el deseo de ser amado por ellos. Ella participaba en Misa diariamente y se confesaba con una frecuencia semanal.

En su vida interior experimentó un profundo, doloroso y constante sentimiento de separación de Dios, incluso de sentirse rechazada por Él, unido a un deseo creciente de su amor. Ella llamó "oscuridad" a esta experiencia interior que comenzó más o menos al inicio de su servicio a los pobres y que continuó hasta el final de su vida.

La Madre Teresa y San Juan Pablo II fueron grandes amigos y se reunieron en varias oportunidades. El mismo Santo permitió la apertura de su causa de beatificación antes de los cinco años posteriores a la muerte del candidato, previstos por la Iglesia y la beatificó el 19 de octubre de 2003, día en que se celebró la Jornada Mundial de las Misiones.

Estamos todos invitados a imitar esta gran mujer en el servicio, el amor y la entrega a los más pobres entre los pobres.

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