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Queridos hijos e hijas: ¡qué bueno poder tener nuevamente esta oportunidad de dirigirles unas palabras de saludo y aliento cuando faltan sólo dos días para la fiesta de la Virgen de la Caridad el próximo martes 8 de septiembre! Muchísimo cubanos, donde quiera que nos encontremos, nos sentiremos motivados para felicitarla en su día.

Todo hijo debe ser agradecido con su madre, porque la acusación más grande que se le puede hacer a un hijo es llamarlo ingrato. Un hijo mal agradecido, que no da gracias por todo lo que una madre hace por él, es un mal hijo, es un ingrato. Y nosotros no quisiéramos que la Virgen de la Caridad pensara así de los cubanos. Ante su bendita imagen rezamos muchísimos cubanos de cualquier raza, clase, ideología, mujeres y hombres, jóvenes y viejos, orientales y occidentales, sanos y enfermos, obreros y profesionales, artistas y deportistas, etc. ¿Habrá alguno de nosotros que no haya dicho alguna vez en su vida: “Virgencita de la Caridad”? Quien vaya a visitarla en su Santuario del Cobre no se extrañará de encontrar allí testimonios de amor agradecido dejados por sus hijos cubanos. Ella es signo de unidad para nuestro pueblo. Ella se ha vuelto tan cubana como nuestra palma real, nuestro tocororo rojo, blanco y azul, y nuestra flor de la mariposa.

Queridos todos: quisiera dedicar ahora unos minutos a hablarles especialmente a los jóvenes, porque pudiera ser que algunos no conozcan lo suficiente sobre la historia de la Virgen de la Caridad. Comenzamos abriendo las páginas de la Biblia para que ustedes escuchen cómo ella fue escogida por Dios Padre para ser la Madre de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre.

La Palabra de Dios en el Evangelio de San Lucas, capítulo 1, versículos del 26 al 38

“En el sexto mes, envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una joven prometida en matrimonio a un hombre llamado José, de la descendencia de David; el nombre de la joven era María. El ángel entró donde estaba María y le dijo: ‘Dios te salve, llena de gracia, el Señor está contigo’.

Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué significaba tal saludo.

Pero el ángel le dijo: ‘No temas, María, pues Dios te ha concedido su favor. Concebirás y darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús. Él será grande, será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la descendencia de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin’.

María dijo al ángel: ‘¿Cómo será eso si yo no tengo relaciones con ningún hombre?

El ángel le contestó: ‘El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que va a nacer será santo y se llamará Hijo de Dios. Mira, tu pariente Isabel también ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que todos tenían por estéril, porque para Dios nada hay imposible’.

María dijo: ‘Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra’.

Y el ángel se retiró.”

Queridos jóvenes: la Virgen María fue una mujer de carne y hueso como todas las mujeres. La misma tradición de la Iglesia menciona los nombres de sus padres: Joaquín y Ana. La Biblia nos habla de su compromiso matrimonial con José, de las dificultades materiales a la hora del parto de su hijo, de su intervención para conseguir de Dios un milagro que salvara aquella fiesta de bodas que se celebraba en Canáde Galilea, de su presencia al pie de la cruz donde moría su hijo, de su acompañar a los amigos de su hijo en los momentos buenos y malos, etc.

Ciertamente, en este mundo ha habido, hay y habrá mujeres extraordinarias. Hay mujeres que viajaron y viajan al cosmos o que han ganado medallas olímpicas. Hay mujeres que, incluso, han llegado a ser o son jefas de gobierno. Eso llena de regocijo, aunque es verdad que, desde hace tiempo, en muchos hogares del mundo, Cuba entre ellos, falta el hombre y son las mujeres quienes han tenido que asumir solas el gobierno de una familia, lo que es mucho más importante que ser la Presidenta de un país. Es precioso que algunas mujeres hayan recibido el Premio Nobel de la Paz, como la Madre Teresa de Calcuta, pero pienso que habría que dárselo también a todas las mujeres que, luego de trabajar ocho horas diarias en la calle, trabajan varias horas más en su casa o en su comunidad. ¿Por qué no darles un Premio Nobel a las madres con hijos minusválidos, a las madres viudas, a las madres solteras que prefirieron no abortar y aguantaron todo tipo de críticas, a la esposa que sufre el alcoholismo de su esposo, a las madres olvidadas por sus hijos, a las que atienden a familiares presos, a las monjas que cuidan enfermos cada noche, a las que viven, día a día, entregadas al cuidado de familiares ancianos y enfermos, a las que sufren discriminaciones sutiles en sus trabajos por ser mujeres, a las amas de casa que no encuentran tiempo ni para pintarse las uñas o teñirse las canas?

Pero debemos reconocer que, en toda la historia de la humanidad, sólo ha habido una mujer, la Virgen María, a la que se le dijo, y dice, con toda razón: “Bendita tú entre todas las mujeres”. Y la razón es simple: A ella, sólo a ella, Dios le pidió ser la Madre de Jesucristo. Y a ella, sólo a ella, se le pidió ser la primera creyente, la primera discípula del Hijo de Dios, Jesucristo. Ella, una mujer de nuestra raza, creyó firmemente en Dios y se consideró su esclava. Seguramente te extrañará conocer que la Virgen María nunca aprendió a leer y a escribir. Y la razón es simple: en el pueblo judío, en la época de la Virgen, no se les enseñaba a leer y a escribir a las mujeres. Dios escogió para Madre de su Hijo, a una mujer que hoy llamaríamos “una analfabeta”, pero de fe grande. Y ella se ha convertido en un modelo de cristiana para nosotros.Ella no es Dios. Los creyentes solo debemos adorar a Dios. A ella, al igual que a todos los santos, nosotros los veneramos, los tenemos como intercesores. Estoy seguro que ustedes, en alguna ocasión, le pidieron a alguien que rezara por ustedes porque estaban pasando alguna dificultad. Es lo que hacemos cuando le pedimos a la Virgen.

Queridos todos: con el correr de los años, cada país ha querido tener a la única Virgen María como algo propio: para los mejicanos, por ejemplo, ella es la Virgen de Guadalupe; para los franceses es la Virgen de Lourdes; para los portugueses, la Virgen de Fátima; para los brasileños es La Aparecida; para los venezolanos, Nuestra Señora de Coromoto; para los cubanos, ella es la Virgen de la Caridad del Cobre. También ella es conocida con diversos títulos como María Auxiliadora, María Inmaculada, la Virgen Milagrosa, etc. A ella, además, la invocamos como “consuelo de los afligidos”, “refugio de los pecadores”, “salud de los enfermos”, auxilio de los cristianos”, “madre del buen consejo” y otros preciosos títulos más.

La Biblia nos dice cómo la Virgen María, al enterarse de que su prima Isabel estaba embarazada, fue “aprisa” a la montaña donde ésta vivía para ayudarla en su maternidad. Si María caminó “aprisa” los 150 kilómetros que la separaban de Isabel, también llegó “aprisa” a esta tierra cubana. Ya en 1492, hace 528 años, arribaba a Cuba el gran almirante Cristóbal Colón capitaneando una nave con el admirable nombre de “Santa María”. Y en 1612 (¡ya hizo 408 años!), un niño negro de 10 años de edad nombrado Juan Moreno, y los hermanos blancos, Juan y Rodrigo de Hoyos, encontraron flotando, en la Bahía de Nipe, una pequeña imagen de la Virgen María. En la tabla que la sostenía podía leerse: “Yo soy la Virgen de la Caridad”. “Aprisa” también la llevaron ellos a El Cobre, donde ha quedado para siempre. Uno se pregunta quiénes fueron los protagonistas de este hecho, si los cubanos o la Virgen… porque podríamos preguntarnos quién encontró a quién: ¿Fueron los cubanos quienes encontraron a la Virgen de la Caridad o fue la Virgen de la Caridad quien vino al encuentro de su pueblo cubano?

En El Cobre, ante la pequeña pero poderosa imagen de la Virgen de la Caridad, rezó de rodillas Carlos Manuel de Céspedes, y Ernest Hemingway dejó su medalla de Premio Nobel. En el Santuario del Cobre, en 1898, se celebró una misa, ordenada por el General Calixto García a su Estado Mayor, para celebrar “el triunfo de Cuba sobre España”.Allí, junto a la Madre de todos los cubanos, muchas glorias deportivas de nuestra Patria le dejan a la Virgen sus medallas, diplomas, uniformes. Algunos dejan una dedicatoria como ésta que nos leen ahora: “Con gran júbilo, emoción y sentimiento dedico esta medalla a quien ha sido mi fuente de inspiración en mis mayores resultados deportivos: la Virgen de la Caridad del Cobre”.

El siempre recordado arzobispocamagüeyano Monseñor Adolfo, afirmó que ir al Cobre y visitar a la Virgen de la Caridad “ha sido y es para los cubanos una dicha, una experiencia única y una gracia que no se olvida nunca, porque del Cobre nadie regresa nunca con las manos vacías. No se podrían calcular los millones de cubanos que, en estos cuatro siglos han ido al Cobre para llevarle siempre a la Virgen algo de su vida profunda”.

Queridos jóvenes: la Virgen María actualmente pasa su cielo haciendo el bien en la tierra, y nosotros somos testigos de ello. Ella está tan cerca de Dios, que conviene que acudamos a ella en nuestras necesidades. Hace 20 siglos ella le pidió a su hijo Jesús un milagro para unos jóvenes que se casaban en un pueblo llamado Caná de Galilea. Se les acababa el vino de su fiesta. Sólo hizo falta que ella, sin que nadie se lo pidiera, tomara la iniciativa e intercediera ante Jesucristo: “Hijo, no tienen vino”.Y Jesucristo hizo el milagro de convertir el agua en vino. Ella también hoy sigue intercediendo por nosotros y nuestras necesidades: “mira, Señor, que su matrimonio está en peligro” o “no tienen salud” o “les falta la alegría de vivir”, o  “mira que les hacen falta más sacerdotes y religiosas”Y así muchas necesidades más.

Hace unos años, un joven universitario católico me contó la conversación que había tenido con un amigo y compañero de estudios que tenía otra religión. Este último un día le preguntó: “¿Por qué tú le rezas y le pides a la Virgen si puedes rezarle y pedirle directamente a Dios?”. Y fue genial la respuesta de su amigo católico: “Por la misma razón por la que tú me pediste hace unos días que rezara por ti porque tenías un examen  muy difícil. ¿Por qué no le rezaste directamente a Dios? ¿O es que tú querías hacer más fuerte tu oración rezando juntos, tú y yo, por lo mismo? ¿Por qué, entonces, no vamos a poder hacer lo mismo con la Virgen para que ella rece a Dios junto con nosotros?”.

Los cubanos necesitamos de la Virgen de la Caridad para recordar nuestras raíces y para que no nos avergoncemos de nuestra fe en Dios y de nuestra historia cristiana. Cuba necesita de la Virgen de la Caridad para no olvidar cómo debe ser un pueblo de sencillo, humilde, cordial, cortés, nada rencoroso, hospitalario y apegado a la familia. Y de cómo un pueblo debe saber sobreponerse a las mil vicisitudes por las que ha pasado en su larga historia. Cuba necesita de la Virgen de la Caridad, la Virgen del Amor, para saber buscar lo que une y no lo que divide; para saber perdonar y buscar la reconciliación; para eliminar las rencillas y sanar nuestra memoria enferma. Cuba necesita de la Virgen de la Caridad para que ella nos lleve a conocer a Jesucristo, amarlo y seguirlo.

Queridos todos: este tiempo de pandemia ha sido denso y fuerte. Julio y agosto han sido meses de intenso calor y, además, duros. A la angustia de cada día se le ha unido la preocupación por las medicinas que se acaban, los niños diciendo a cada rato que “están aburridos y tienen hambre”, el no poder visitar a los familiares que viven en otras provincias, etc. Y, como sabemos, siguen sin acabarse las colas de cada día para comprar el pollo, el detergente, el tubo de pasta o “lo que hayan traído”. Me dolió enterarme que en un querido reparto de la ciudad haya personas conocidas que, por haber discutido en las mencionadas colas, ya no se hablan. Ese día cocinaron el pollo, sí, pero quemaron una amistad de años. A su vez, me consoló que haya personas entre nosotros que, en estos largos meses, se dedicaron y dedican a levantar el alma de los demás utilizando las redes sociales y el teléfono para alegrar a los tristes, consolar a los afligidos y animar a los que se sienten sin fuerzas.

Pidámosle a la Virgen que sepamos preocuparnos más por los problemas de los demás que por nuestros propios problemas. Desde hace años muchos cubanos buscan resolver “su problema”, no los problemas de Cuba y los demás. Tratemos de vencer nuestro egoísmo. Es algo difícil pero no imposible.

Vamos a invocar la intercesión de la Virgen. Ella, como Madre que es, sabe de nuestras necesidades. Los invito a responder a cada letanía, rezando: RUEGA POR NUESTRO PUEBLO CUBANO

Santa María de la Caridad: RUEGA POR NUESTRO PUEBLO CUBANO

Madre de Jesucristo: RUEGA POR NUESTRO PUEBLO CUBANO

Madre del buen consejo: RUEGA POR NUESTRO PUEBLO CUBANO

Causa de nuestra alegría: RUEGA POR NUESTRO PUEBLO CUBANO

Salud de los enfermos: RUEGA POR NUESTRO PUEBLO CUBANO

Refugio de los pecadores: RUEGA POR NUESTRO PUEBLO CUBANO

Consuelo de los afligidos: RUEGA POR NUESTRO PUEBLO CUBANO

Auxilio de los cristianos: RUEGA POR NUESTRO PUEBLO CUBANO

Madre de todos los cubanos: RUEGA POR NUESTRO PUEBLO CUBANO

Aprovecho para decirles que este año no haremos las acostumbradas procesiones en honor de la Virgen de la Caridad. La razón es conocida de todos: una reunión de tantas personas puede resultar algo peligroso por la posible propagación de la epidemia. Les he pedido a todos los sacerdotes celebrar la novena o el triduo en sus comunidades, así como tener abiertas sus iglesias pasado mañana todo el día para facilitar la asistencia de los fieles que quieren venerar a la Virgen. En el Santuario de la Caridad de la ciudad de Camagüey se celebrarán este martes 10 misas con el siguiente horario: En la mañana, cada hora y media, a saber: 6:00, 7:30, 9:00, 10:30 y 12 del día. En la tarde, también cada hora y media: 2:00, 3:30, 5:00, 6:30 y 8:00 de la noche. Los asistentes no deberán olvidar llevar su nasobuco y guardar, ya en el Santuario, la distancia requerida.

Queridos hijos e hijas: una vez más los animo… ¡a que no se desanimen! Que si el desaliento está tocando a la puerta de tu corazón respondas como decimos en la Misa: ¡Levantemos el corazón! ¡Lo tenemos levantado hacia el Señor!

Concluyo dándoles a todos la bendición de Dios, deseando que vaya especialmente sobre los que se han enfermado en esta epidemia, por los presos, los minusválidos, los que viven solos, los que están lejos de su familia y de su tierra cubana, los abuelitos de los Hogares de Ancianos, los que sufren, los que se sienten tristes y los que lamentan la muerte reciente de un ser querido. Bendición que llegue también al personal de Salud que, en estos momentos, aquí y en otros países, ayuda a vencer la epidemia. Si Dios quiere, volveré a hablarles pasado mañana, en el programa Meridiano de Radio Cadena Agramonte. Reciban la bendición de Dios.

Jesucristo, el Señor, esté siempre a su lado para defenderlos. Que él vaya delante de ustedes para guiarlos, y detrás de ustedes para protegerlos. Que él vele por ustedes y los sostenga. Y que la bendición de Dios Todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre todos ustedes y los acompañe hoy y siempre. AMÉN.

Comentarios   

Родина
0 #2 La Iglesia Católica en Camagüey, CubaРодина 09-09-2020 05:32
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Viviana Morales Pére
0 #1 Licenciada en EnfermeríaViviana Morales Pére 08-09-2020 00:53
Especiales y hermosas palabras. Me siento tan amada por la Virgen que he puesto en ella mis duros momentos y aún pecando cada día siempre me ha salvado. Felicidades Madre Celestial
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