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Por Beatriz M. Goenaga Conde

Cinco y treinta de la mañana del 8 de septiembre, las campanas del Santuario de Nuestra Señora de la Caridad en la Arquidiócesis de Camagüey, repican y se abren las puertas para que comience la celebración tan esperada cada año: la Fiesta de nuestra Santa Patrona, la Virgen de la Caridad.

Cientos de fieles desfilaron con devoción ante la Madre de todos los cubanos. Se celebraron diez Eucaristías animadas por diferentes grupos pastorales, en cada una de ellas se admitió a 164 personas sentadas, tres por banco, respetando así las normas establecidas para estos tiempos de pandemia. El personal asignado por Salud Pública tomó la temperatura y asistió a todo el que lo necesitó.

Con respeto y orden acudieron devotos de todas partes de nuestra diócesis para poner a los pies de la Virgen plegarias y sueños en forma de flores y velas encendidas, de ese modo quedó vestida una vez más la Reina de Corazones; su altar iluminado y ornado de rosas, mariposas, girasoles.

Monseñor Willy celebró la décima Santa Misa, la que inició con una procesión de jóvenes vestidos de mambises y cubanas portando banderas, más tarde se escuchó el himno de Bayamo, signo de nuestra identidad cubana, como cubana es La Caridad, que nos une a todos.

Al cierre de la jornada nuestro Arzobispo, nuestros sacerdotes y diáconos, consagrados y laicos, junto a todos los creyentes alzaron una plegaria de agradecimiento a Aquella que nos ha pedido que hagamos lo que su Santo hijo nos diga.

Pasadas las diez de la noche se cerraron las puertas del templo. Resguardadas dentro de él quedaron las ofrendas y las esperanzas de este pueblo.

A Jesús por María, que ella nos enseñe a amarlo como lo hizo Ella.

Virgen venerada y pura, virgencita de la Caridad, ruega por nosotros.

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