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 1)  Motivación:      Comenzamos         esta  lectura   haciendo    silencio   exterior   e  interiormente.   Creamos la actitud interior de “escuchar a Dios”.

 2) Lectura del texto: Mateo 21, 28-32. Leemos muy despacio, atentos a este texto.

 3) Comentario:

         Quiero que pensemos en cosas que tenemos pendientes: ese armario que “tengo que vaciarlo del todo y organizarlo de una vez”, ese arreglo en casa que “ya no puede esperar más”, esa persona a la que “tengo que acabar de llamar, o escribir, o visitar”; esa gaveta de papeles que “tengo que revisar …”. Puede que nos encontremos que hay cosas que llevan meses e incluso años pendientes, cosas que han resistido incluso al confinamiento por el COVID.

         Sí,solemosposponerlascosasquenosondevidaomuerte,solemosdejarquelourgentenos secuestrecontinuamente.   Ymuchascosasqueparanosotros(yparaotros)seríanbuenas,importantes, incluso necesarias, las vamos dejando para mañana.

         De hecho, posponemos incluso la felicidad, con una actitud vital de “mañana sí, hoy no”: ya seré más responsable en el estudio mañana, ya atenderé mejor a mi familia mañana, ya me esmeraré en mi trabajo mañana, ya estaré más disponible mañana …, cuando en realidad, la vida es hoy: se vive hoy, se disfruta hoy, se trabaja hoy.

         Y por supuesto, esto lo extendemos a la fe: ya rezaré mañana, ya me confesaré mañana, ya volveré a la Iglesia mañana, ya me leeré la Biblia mañana, ya conversaré esto que me tiene estancado mañana …

         Me encanta la frase que dice que “una meta es un sueño con coordenadas concretas para convertirse en   realidad”.   Es   muy importante   tener   las   metas   claras,   saber   cómo   es   la   persona   que   quiero   ser,   cómo quiero vivir mis días …, pero eso no basta. No basta con saber que el dueño de la viña quiere que yo vaya a trabajar en ella y que yo quiero hacer su voluntad. No basta si no me levanto y camino, no basta si todo se queda en buenas, bellas y santas intenciones.

         Tal vez todos hemos tenido esa fantasía de “levantarme un día y acabar de hacer esto o aquello, o de tomar tal o cual decisión de modo radical”, impelidos por una fuerza misteriosa (o mágica) que nos mueva espontáneamente. Bueno, bienvenidos a la cruda realidad …, puede que no pase nunca. La vida suele ser más serena.

         Dicen que una señora preguntó una vez a un gran novelista inglés: “¿Cuál es su secreto para escribir tan bien?” Y la respuesta fue: “Señora, cerrar la puerta de mi habitación y ponerme a trabajar”.

         Dios invita, tú eliges. La intimidad con Dios, que hace elegirlo a él y a sus cosas, se forja a base de organizarse   para   que   los   tiempos   de   Dios   tengan   su   espacio   y   su   momento.   De   lo   contrario,   viviremos secuestrados por lo urgente y lo emergente, mirando a Dios de soslayo en lo que podremos llamar vida pero que es en realidad una agobiante carrera de obstáculos.

Edmundo de Amicis escribió en su conocido libro: “Corazón”: “Di cada mañana: hoy quiero hacer algo de lo que mi conciencia pueda sentirse orgullosa”. A mí me gustaría parafrasearlo   y decir: “Di cada mañana: hoy quiero hacer algo que en mi relación con Dios me haga sentir orgulloso”.

4) Aplicación a nuestra vida.

       Reunidos en familia, vamos a hacer un resumen de nuestras cosas pendientes.

       Qué tengo pendiente:

       - En casa: cosas por hacer, cosas que me disgustan por decir, límites que poner, agradecimientos que

dar, cosas que me gustan de otros y que no he dicho …

       - Respecto a gente que quiero: consejos que dar, advertencias que hacer, llamadas telefónicas, visitas,

cosas que admiro y valoro pero que nunca he hecho notar…

       -  Con Dios:  cosas por confesar, cosas que aún están “entre pecho y espalda”, actos de fe que retomar…

5) Conclusión.

        Para terminar, un miembro de la familia recitará, delante de todos, este soneto de Lope de Vega:

 

¿Que tengo yo que mi amistad procuras?

¿Qué interés se te sigue Jesús mío,

que a mi puerta, cubierto de rocío

pasas las noches del invierno oscuras?

 

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,

pues no te abrí! ¡Que extraño desvarío,

si de mi ingratitud el hielo frío

secó las llagas de tus plantas puras!

 

¡Cuántas veces el ángel me decía:

"Alma, asómate a la ventana:

verás con cuanto amor llamar porfía"!

 

¡Y cuántas, hermosura soberana,

"Mañana le abriremos", respondía,

para lo mismo responder mañana!

 

        Luego, rezarán juntos un Padre Nuestro y un Ave María.

        Al finalizar, harán la señal de la cruz mientras uno, en nombre de todos, dice: “Que nos bendiga Dios  Todopoderoso, Padre, Hijo, y Espíritu Santo”. Amén.

 

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