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Por Diác. Miguel Ángel Ortiz Corrales.

La Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza[1].

La vocación auténtica al diaconado se da en un hombre que lleva en sí un amor profundo por la Iglesia, por la comunidad a la que pertenece y por la Iglesia Universal, de manera que sintiendo el llamado del Señor a evangelizar y a servir a sus hermanos  lo hace desde su condición de hombre de fe y practica cristianas, esta es la base que nos sustentará como cimiento firme en una y otra ocasión cuando necesitemos regresar a las motivaciones originales, a la experiencia fundante.

Es la Liturgia la que nos inserta de forma vital en el misterio pascual de Jesucristo muerto y resucitado presente y operante en los sacramentos de la Iglesia[2].  Participando en la Santa Misa nos configuramos, de una mejor manera con Cristo Siervo, además de presentar en el altar como  oblación agradable a Dios todo nuestro quehacer diaconal. En la Liturgia el servicio encuentra su fuente y en el servicio la Liturgia encuentra su eficacia. Toda la acción litúrgica debe ser un impulso para la acción y en ella recoger el compromiso diario[3]. Debemos procurar en el ministerio litúrgico una sensibilidad hacia lo que celebramos, manifestada exteriormente en el recogimiento adecuado, en el desempeño correcto de las funciones y en el cuidado de la dignidad de los ornamentos litúrgicos[4]. El servicio litúrgico es la acción  que convierte en oblación  toda la vida de servicio de los diáconos.

El diacono ejerce el servicio litúrgico en la celebración de los sacramentos y sacramentales y en una cuidadosa y constante celebración de la Liturgia de las Horas.

La Lumen Gentium en el número 29 dispone aquellos servicios litúrgicos del diacono:

[…]la administración solemne del bautismo, el conservar y distribuir la Eucaristía, el asistir en nombre de la Iglesia y bendecir los matrimonios, llevar el Viático a los moribundos, leer la Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oración de los fieles, administrar los sacramentales, presidir los ritos de funerales y sepelios […]

En la Instrucción General del Misal Romano en el número 94 explica las funciones del diácono dentro de la Santa Misa y en los números del 171 al 186 explica con detalles el desempeño diaconal.

Los diáconos tienen la obligación establecida por la Iglesia de celebrar la Liturgia de las Horas, con la cual todo el Cuerpo Místico se une a la oración que Cristo Cabeza eleva al Padre. Conscientes de esta responsabilidad, celebrarán tal Liturgia, cada día, según los libros litúrgicos aprobados y en los modos determinados por la Conferencia Episcopal[5].

 

 

Celebración de la Santa Misa.



[1]CFR. CONSTITUCIÓN SACROSANCTUM CONCILIUM SOBRE LA SAGRADA LITURGIA. NO.10

[2] EX, APOST. POSTSINODAL PASTORES DAVO  VOBIS, 48.

[3] CFR.  DOC. FINAL I CONGRESO DE DIACONADO PERMANENTE LATINOAMERICANO. TEOLOGÍA DEL

DIACONADO, 4.3 PÁG. 105.

[4] ORDENACIÓN GENERAL DEL MISAL ROMANO, 297.

[5] DIRECTORIO PARA EL MINISTERIO Y LA VIDA DE LOS DIÁCONOS PERMANENTES. CONGREGACIÓN PARA

EL CLERO. NO.137.

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