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San Andrés nació en Betsaida (Galilea), fue primeramente discípulo de Juan el Bautista y luego siguió a Jesús. Al bautizar éste a Jesús, Andrés exclamó: “He ahí al cordero de Dios” y decidió seguir a Jesús. Por lo que Andrés es el primer discípulo de Jesús, junto a San Juan Evangelista. Luego Jesús les dice: “¿Qué buscan?” y ellos: “Señor, ¡dónde vives?”, a los que Jesús les responde: “Vengan y vean”. Esto cambia la vida de Andrés para siempre.

 

Andrés le presentó a Jesús a su hermano Pedro. En el  Evangelio de San Juan, capítulo 1, versículos del 40 al 42, nos dice que Andrés le dijo a Simón Pedro: “Hemos hallado al Mesías”, entonces lo trajo a Jesús.

Jesús los llama: “vengan y me siguen” porque su profesión era ser pescadores en el lago de Galilea. Después de la pesca milagrosa, Cristo los invita a ser “pescadores de almas”.

Él y Felipe fueron los que le llevaron a Jesús a unos griegos, también fue quien le dijo a Jesús que había un muchacho en la multitud con unos panes y peces. Andrés presenció la mayoría de los milagros de Jesús y escuchó uno por uno sus maravillosos sermones. Vivió junto a Él tres años.

Después de Pentecostés predicó el Evangelio en muchas regiones, con gran valentía, obrando milagros y prodigios.

Un escrito que data del siglo III, el “Fragmento de Muratori” dice: “Al apóstol San Juan le aconsejaban que escribiera el cuarto Evangelio. Él dudaba, pero le consultó al Apóstol San Andrés, el cual le dijo: `Debe escribirlo. Y que los hermanos revisen lo que escriba¨”.

Según la tradición, San Andrés fue crucificado en Acaya (Grecia), se creyó indigno de que su cruz fuera como la de Cristo y por esta razón su cruz fue en forma de X. Estuvo ahí en la cruz tres días, en los que siguió predicando la Buena Nueva. Dicen que antes de morir exclamó esta bella oración:

“Yo te venero, oh cruz santa, que me recuerdas la cruz donde murió mi divino Maestro. Mucho había deseado imitarlo a Él en este martirio. Dichosa hora en que tú, al recibirme en tus brazos, me llevarán junto a mi Maestro en el cielo”

Esto sucedió el 30 de noviembre del año 63, bajo el imperio de Nerón.

Imitemos a San Andrés y demos testimonio del Dios que nos salva.

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