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Por: Diác. Miguel Ángel Ortiz Corrales.

El Concilio vaticano II convocado por el Papa San Juan XXIII, después de restaurar el Ministerio del Diaconado como grado propio y permanente del Sacramento del Orden Sagrado, pone a disposición de las Iglesias particulares la decisión de la restauración en los diferentes países. Poco a poco cada iglesia particular va tomando conciencia del alcance de la iniciativa conciliar. El Nuevo Testamento da testimonio de la riqueza que constituyó para la Iglesia el Ministerio del diaconado y pese a su desaparición como grado propio durante la Edad Media,  desde siempre y hasta nuestros días no ha dejado de interesar, a los más estudiosos, su significación teológica y la cuestión del valor sacramental como grado propio  del Sacramento del Orden Sagrado. 

 

En estas últimas décadas la Comisión Teológica Internacional  ha examinado y estudiadolas cuestiones referentes al diaconado permanente con el fin de esclarecer a la luz dela Teología  las cuestiones referentes al diaconado para  un conocimiento mejor de las fuentes históricas y teológicas, así como de la vida actual de la Iglesia.

En el año 2002 esta Comisión sacó a la luz un Documento titulado: El diaconado: evolución y perspectivas. En los siguientes espacios iremos dando a conocer de una  forma sintetizada  el contenido de este obligado documento de estudio cuando queramos acercarnos a la realidad del Ministerio del diácono en nuestra Iglesia hoy.

 

DE LA DIACONÍA DE CRISTO A LA DIACONÍA DE LOS APÓSTOLES

 1. Diaconía de Cristo y existencia cristiana

El Verbo al encarnase en el seno de la Virgen María realiza una acción inimaginable. El que es el Señor (Kyrios) se convierte en el servidor de todos (Diakonos) El a pesar de su condición divina no hizo alarde de su categoría de Dios, al contrario se despojó de sí mismo tomando la condición humana, haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz.  Cfr. Flp. 2,6-9

Desde una  perspectiva cristológica, entendemos la esencia, lo que es propio del cristianismo, o sea, la  participación en la diakonía, que Dios mismo ha realizado para los hombres. Ser cristiano, significa, a ejemplo de Cristo, ponerse al servicio de los demás hasta la renuncia y el don de sí mismo, por amor.

El bautismo hace servidor a todo cristiano, el cual coopera al servicio de Cristo para la salvación de los hombres. En efecto,  todos han de convertirse en servidores los unos de los otros con los carismas que han recibido para la edificación de la Iglesia.

 

Bibliografía:

Cfr. Comisión Teológica Internacional.

        El diaconado: evolución y perspectivas. 2002

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