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Hoy se cumplen 168 años del natalicio del más universal de los cubanos: José Julián Martí Pérez. Es por esta razón que les compartimos algunas de las frases que el Siervo de Dios, Monseñor Adolfo Rodríguez Herrera dijera sobre el apóstol y que podemos leer íntegramente en el libro: “Monseñor Adolfo. Es bueno confiar en el Señor”, actualmente en venta en el Arzobispado de Camagüey (Luaces # 55).

 

·         José Martí, el más universal de los cubanos, el primero de los escritores de Cuba, el mayor de los héroes de la independencia, el Apóstol, el Maestro; el cubano del que podemos decir lo que se dice de las estrellas: que siguen brillando muchos siglos después de haber desaparecido del firmamento.

·         Martí, la página que nunca podrá ser borrada de nuestra historia.

·         Ninguna tormenta histórica ha podido apagar la voz de Martí, cada vez que Cuba ha necesitado iluminar una tempestad o moderar su ímpetu.

·         Martí no pasó de largo delante de Jesucristo.

·         Martí cuestionó, como también lo han hecho tantos hombres de la Iglesia desde posiciones muy sinceramente religiosas, el cristianismo tal como históricamente ha sido vivido en ciertas épocas y sectores cristianos de esas épocas. Pero las bases del pensamiento martiano son en esencia cristianas.

·         …a través de Rafael María de Mendive, su maestro por excelencia, recibió lo mejor de la tradición del pensamiento cubano… Y no podemos olvidar que este pensamiento era a la vez cristiano y humanista, revolucionario y reconciliador; (…), alentado por prelados venerables como el obispo Espada y Landa.

·         Muy cercano a los escritos de Martí encontramos, por ejemplo, al profeta Oseas que exhorta en nombre de Dios a la nación dividida y sometida a poderes extranjeros.

·         [Martí] No reclama venganza, ni expresa odio hacia sus verdugos sino que apela dramáticamente en nombre de Dios a borrar esta mancha: “Dios existe, –dice– y yo vengo en su nombre a romper en las almas españolas el vaso frío que encierra en ellas las lágrimas”[1].

·         [Martí] Lleno de amor a su patria, por la que tanto ha sufrido, siente en sí mismo un mandato de Dios para echar en cara a los indiferentes aquellos horrores que no deben ocurrir en ninguna parte, menos aún en la colonia de una nación cristiana.

·         ¿Por qué tenía que morir [Martí], porque su amor por los demás, a imitación de Jesús, no podía dejar de ser el amor mayor, el amor del que da la vida por los amigos y –a imitación de Jesús no reconocía enemigos– por todos (Jn 15, 13)?

·         Y esa idea real [de Martí] es la idea suma: La sabiduría divina que debe estar estrechamente unida al amor más amplio y universal.

·         La cruz, como símbolo redentor acompaña siempre a Martí en sus pensamientos; en uno de sus últimos escritos, la carta-testamento a Gonzalo de Quesada, fechada en Montecristi el 1 de abril de 1895, poco más de un mes antes de su muerte en Dos Ríos, expresa: “En la cruz murió el hombre en un día; pero se ha de aprender a morir en la cruz todos los días”[2].

·         [Martí] Ama al hombre concreto, no a la especie; busca al hermano concreto, no la fraternidad. No ama al semejante sino a alguien tan cercano que le llamamos “prójimo”, es decir ‘próximo’, que es más que semejante.

·         …lo que dice Martí: “Dios no necesita que lo defiendan, lo defiende la naturaleza”.

 



[1]Obras Completas Tomo I, página9 Edición LEX, La Habana 1946

[2]Íbid. página 5

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