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El anuncio del nacimiento de Jesús es uno de los relatos más bellos e impresionantes del Evangelio. El Sí de María siempre es algo estremecedor por la confianza, el abandono de esta adolescente hacia los planes de Dios.

Se le aparece el ángel Gabriel a esta sencilla joven de un pueblecito que no aparecía en el mapa de estos tiempos, entonces era como un caserío o un batey. La fe inmensa de esta jovencita, el temor de Dios y la aceptación de sus planes ¿de dónde los saca? Ella no fue a la catequesis, no estuvo en los grupos pastorales de la Iglesia, ¿entonces?

¡Ah! María es la llena de Gracia; la concebida sin pecado original, sin macha; a través de la cual iba a entrar la Salvación al mundo ya que también por una mujer entró el pecado (Eva), según leemos en una de las cartas del apóstol Pablo. María es el paradigma de la fe ciega, del “hágase en mí según Tu Palabra”, del aceptar sin comprender porque solo basta el abandonarse en las manos del Señor. Es un plan divino.

Pero María estaba comprometida para casarse con José. Ella no pensó en las murmuraciones, las calumnias o consecuencias de su Sí, sólo se comprometió y ya.La posición de María era difícil e incluso vergonzosa. Obviamente José habría sabido que el hijo no era suyo, y ella no ignoraba que sería acusada de adulterio, una ofensa que se castigaba con el apedreamiento y la muerte. A pesar de todo, ella se sometió con fe y humildad a la voluntad de Dios.

Otra actitud de María que llama la atención es como, rápidamente, se pone en camino a casa de su prima Isabel. Los primeros meses del embarazo son las náuseas, los vómitos, los mareos y varios tipos de malestares. Pero María fue “a prisa” a casa de su prima a ayudarla hasta que ésta dio a luz a Juan el Bautista. ¡Cuántos malestares sufriría la Santísima Virgen! y aun así ayudaba a su prima que ya estaba al final del embarazo, cuando la barriga se hace pesada, los pies se inflaman y casi es imposible caminar. Pero María es una ayuda, un apoyo para su prima Isabel. María carga con su Hijo en su seno, lo lleva y anuncia al Salvador. Ella es la primera misionera del Padre.

Así Dios da inicio al cumplimiento de su promesa: la Alianza Nueva y Eterna.

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