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El mártir Lorenzo, protodiácono de la Iglesia romana, es junto a Esteban y Felipe, uno de los más famosos de la antigüedad.

El Misal Romano  expresa que: “Lorenzo, famoso diácono de la Iglesia de Roma, confirmó con el martirio en la persecución de Valeriano (258) su servicio a la caridad, cuatro días después de ser decapitado el Papa Sixto II. Según la tradición, ya divulgada en el siglo IV, soportó intrépidamente un martirio atroz en la parrilla, después de haber distribuido los bienes de la comunidad a los pobres que consideraba verdaderos tesoros de la Iglesia”.

 Según los historiadores, Lorenzo nació en España, en Osca, una pequeña ciudad de Aragón. Desde joven fue enviado a Zaragoza a terminar sus estudios en humanidades y teología. Allí conoció al futuro Papa Sixto II que enseñaba lo que era, en aquella época, uno de los centros de estudios más conocidos, y el futuro Papa era uno de los más famosos y apreciados. Lorenzo, que un día se convertiría en el jefe de los Diáconos de la Iglesia de Roma, sobresalía por sus dotes humanos, delicadeza e inteligencia. Ambos se hicieron muy amigos y emigraron a Roma, de este modo ambos, precisamente en el corazón de la cristiandad, realizaron su ideal de evangelización y misión hasta llegar a la efusión de la sangre.

El 30 de agosto del año 257 Sixto II fue elegido Papa (duró su pontificado alrededor de un año) y enseguida llamó a su lado al antiguo alumno y amigo, Lorenzo, a quien le encargó el delicado cargo de protodiácono. Sixto II fue capturado mientras celebraba la liturgia, martirizado y luego sepultado.

Del martirio del Diácono Lorenzo existe el testimonio de San Ambrosio en el De Officiid (141, 205-207), también el de Prudencio y San Agustín, después por San Maximiliano de Turín, San pedro Crisólogo, San león Magno y otros documentos. San Ambrosio explica que el único deseo de Lorenzo era “inmolarse por el Señor”.

La profunda relación de fe entre el Papa y el Diácono nos invita a reconocer la realidad viva y vivificante de la Gracia que las anima y el nexo teológico que la vincula a Cristo, único y verdadero Presbítero y Diácono.

San Lorenzo es el tercer santo patrón de la ciudad de Roma, después de San Pedro y San Pablo. El día de su fiesta en la ciudad del Vaticano un relicario que contiene una cabeza quemada, que se supone sea de San Lorenzo, para recibir veneración.

 

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