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Por Diac. Miguel Ángel Ortiz Corrales y José Carlos Poleo Zaldívar

 

La Iglesia siempre ha tenido en alta estima el cuerpo de los difuntos, como Madre acompaña al cristiano durante su peregrinaciónpor este mundo,entrega al Padre en Cristo a sus hijos y entregará sus restos mortales a la tierra con la esperanza de que resucitarán en la Gloria. Desde el siglo II la iglesia en Roma comienza a depositar los cuerpos de los cristianos en cementerios subterráneos llamados catacumbas, durante la Edad Media este nombre se popularizó llamando de esta manera a todos los cementerios que se encontraban bajo tierra. De esta forma en nuestra Arquidiócesis encontramos dos templos que cuentan con Catacumbas. El templo de Nuestra Señora de La Merced y el templo de Nuestra Señora de la Soledad.

 

La Iglesia de La Soledad cuenta con una pequeña Catacumba debajo de su presbiterio a la que se accede desde la nave central por una escalera a cada lado. La misma tiene una cripta en forma de “U”. En el siglo XIX tuvieron lugar los últimos entierros, alrededor de1814,y durante todos estos años este espacio ha tenido distintos usos de acuerdo a las necesidades de la parroquia.

Por iniciativa del P. Iván Rodríguez, en los últimos meses se ha estado trabajando en la restauración de este espacio para dar en él definitiva sepultura a los restos mortales de sacerdotes y diáconos que sus familias estén de acuerdo. Además, la bóveda que pertenece a la Iglesia en el Cementerio General de la ciudad está en malas condiciones y era necesario contar con otro espacio para nuestros difuntos. Los trabajos básicamente fueron: revestimiento de las paredes con mortero y fino de cal y cemento con un acabado de pintura blanca. El piso original, que se encontraba en muy mal estado y era imposible rescatarlo, se decide cambiarlo totalmente por losas de barro similares, para conservar el ambiente original. El techo, de vigas de madera rolliza, que es a su vez el soporte del piso del presbiterio, fue limpiado y tratado para evitar la proliferación de termitas y otros insectos que pudieran debilitarlo, y conservar el estado natural de la madera.

La cripta cuenta con diez nichos tipo gaveta, por lo que ofrecen gran capacidad en cada una para depositar las cenizas y restos óseos. Se pusieron nuevas lápidas de mármol y se levantó un pequeño altar para la celebración de la Misa en sufragio de las almas de los difuntos, con mármoles recuperados de antiguos altares de esta parroquia. Al centro del retablo se colocó un cuadro con la imagen de Jesús Buen Pastor. También se hizo un reacomodo de las instalaciones eléctricas, iluminación y correcciones en las escaleras.

El pasado4 de agosto, día del párroco, y ocasión en la que se celebró la Santa Misa Crismal en la iglesia de La Soledad, nuestro Arzobispo Mons. Willy Pino, al finalizar la Misa,bendijo el espacio de la Catacumba ya restaurada, donde descansan para siempre los restos de insignes sacerdotes y diáconos de nuestra Arquidiócesis, entre ellos Mons. Miguel Becerril, Mons. Filiberto Martínez, Mons. José Sarduy, Mons. José Luis Rodríguez, el P. Ramón Clapers, el P. Otto Traver SJ, el P. Jesús del Pino, el P. Ángel de Jesús Albaijes, y el P. Teófilo Uyarra. Los diáconos Freddy Gan Rodríguezy José Figueredo.

Este lugar se convierte entonces en zona de peregrinación de aquellos que quieran rezar por sus sacerdotes y diáconos difuntos.

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