Valoración del Usuario: 0 / 5

estrella inactivaestrella inactivaestrella inactivaestrella inactivaestrella inactiva
 

Hoy, día de la fiesta de los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, del año 2001 fueron ordenados tres sacerdotes por imposición de manos del Siervo de Dios Mons. Adolfo Rodríguez. Los Padres Iván Rodríguez, Castor Álvarez y Jesús del Pino, E.P.D. están cumpliendo hoy 20 años de servicio y entrega  a la Iglesia que peregrina en Camagüey. Les traemos a los lectores de nuestra web lo que publicó el Boletín Diocesano No. 49 de septiembre del 2001 en la página 3, por la Hna. María Teresa Redo, stj.

 

¡Bendita eres Iglesia de Camagüey, que acabas de vivir con gozo la ordenación sacerdotal de tres de tus hijos a quienes ahora llamarás “padres” consciente de la Vida que, a través de ellos, recibirás!

¡Bendita Iglesia de Camagüey porque ellos harán posible que puedas ser mejor atendida y se abran más iglesias, y haya más bautizos, matrimonios nuevos, más enfermos consolados y mayor cantidad de perdón celebrado en más corazones!

Este sábado 29 de septiembre, la Iglesia y el pueblo camagüeyanos se alegraron por el regalo de tres nuevos sacerdotes que llevarán la fuerza y el consuelo de la Palabra de Dios a todo hombre participando de la misma misión de Cristo: “El Señor me ha ungido y me ha enviado para llevar buenas noticias a los pobres, para sanar los corazones destrozados, para anunciar a los cautivos la libertad, para proclamar la gracia del Señor” (Lc. 4, 18).

Tres nuevos sacerdotes enviados a cuantos viven una pobreza material y a cuantos viven una pobreza de alma, de paz, de cultura… A todos les llevarán la buena noticia de que Dios existe, que es su Padre y que los ama hasta el extremo de dar, por cada uno, la vida de Cristo.

Tres nuevos sacerdotes enviados a los corazones destrozados para sanarlos, para vendarlos. Y vendar los corazones no sólo con la ayuda material sino, sobre todo, con la cercanía del amor, de la escucha, de la comprensión, del perdón y la misericordia.

Tres nuevos sacerdotes enviados a liberar al hombre de sus esclavitudes más profundas: del egoísmo, del odio y la venganza, del sin-sentido de una vida vacía, del miedo al dolor y la muerte…

Éstas son tareas que superan las fuerzas del hombre, éstos son dones que Cristo nos regala en sus sacramentos que ellos, nuevos sacerdotes de Cristo, harán posibles gracias a la disponibilidad de sus vidas, gracias a su peculiar intimidad con Cristo. Gracias a ellos el Pan de la Palabra, el Pan de Vida Nueva nos llegará a todos partido y tierno.

¡Benditos ustedes, Padres Castor, Iván y Pino!

¡Benditos sus pies que llegan para anunciar la paz que el mundo espera!

¡Benditas sus manos ungidas, consagradas por Dios al servicio de su pueblo!

¡Benditos sus corazones generosos y libres, dispuestos a amar gratuitamente, a fortalecer y consolar, a acoger y bendecir!

 

Escribir un comentario

Comente aquí


Código de seguridad
Refescar