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 Lo que reza el salmo es una verdad como un puño: “Si el Señor no construye la casa, en vano se esfuerzan los arquitectos” (Sal 127, 1). Tenemos que pedirle al Espíritu Santo, pero para pedirlo lo primero es no impedirlo. Homilía en la Misa de toma de posesión de Mons. Juan García, 24 de agosto de 2002.[1]

Un latido y un signo de la presencia del Espíritu, un anticipo de ese misterio es esta celebración de cien años que sobrepasa el hecho histórico en sí y nos eleva hasta el designio amoroso que va tejiendo Dios en el acontecer humano. Homilía por el centenario de las Siervas de María en Camagüey, 1991.[2]

… el Espíritu Santo hace nuevas todas las cosas. Lo que no viene del Espíritu es el inmovilismo, la instalación y mucho menos el esnobismo que no son signos de Él. Homilía en la Misa de Acción de Gracias por el 150 aniversario de las Siervas de María, 15 de agosto de 2001.[3]



[1] Secretariado de la cultura de la Arquidiócesis de Camagüey. “Monseñor Adolfo: Es bueno confiar en el Señor”. Selección de documentos y testimonios. Libro impreso en el Taller San José de La Habana, 2018. Pág. 98

[2]Íbid. Pág. 284

[3]Íbid. Pág. 294

 

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