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No conocemos con certeza cuando nació Pedro Nolasco, los actuales biógrafos suelen situar el hecho en torno al 1180. Los escritores del siglo XV, Gaver y Cijar, lo presentan, a la hora de la fundación, como de Mas de las Santas Peullas, en la diócesis de san Pablo, y ciudadano de Barcelona, a donde había trasladado su domicilio.

Su padre, comerciante, falleció cuando era Nolasco de edad entre los quince y los veinticuatro años. No mucho tiempo después su madre también muere. De su padre ha recibido todos sus bienes y un espíritu cristiano muy profundo. Comienza pronto su actividad de comerciante, es aquí donde descubre el cautiverio de los cristianos en tierra musulmana. En favor de ellos utilizará toda su riqueza y a ellos dedicará toda su vida. Desde el año 1203 en que realiza su primera redención en Valencia, ciudad todavía musulmana. A partir de aquí Nolasco pone sus bienes al servicio de los pobres, los nuevos pobres de Jesús, los cautivos, para ellos quiere vivir Pedro Nolasco.

Fundación

Ya desde 1203, como hemos dicho anteriormente, Nolasco se dedica a la redención de cautivos. Ahora se le juntan los primeros compañeros y juntos recorren las ciudades colectando el dinero para la liberación (aquí es necesario acotar que Nolasco ha agotado todas sus riquezas en la obra redentora, en lo adelante contarán, él y sus amigos, únicamente con el dinero que puedan reunir).

Nolasco tiene una profunda experiencia de Dios, Él mismo le envía en esta empresa liberadora como continuador de la obra de su Hijo que vino para visitar y redimir al género humano. La madre de Jesús propicia la fundación. Es así como la noche del primero al dos de agosto de 1218 se le aparece la Santísima Virgen y le ordena fundar la Orden para la redención de los cautivos.

Se ignoran las dificultades que tuvo que vencer Nolasco, lo cierto es que la fundación se realizó en acto solemne, ante el altar de santa Eulalia (mártir) en la antigua catedral de Barcelona, en ceremonia abierta del reino y de la Iglesia, el 10 de agosto de 1218. Por la parte eclesial se encontraba el Obispo de Barcelona Don Berenguer de Palou. El obispo aceptó el compromiso de los nuevos religiosos y les impuso el hábito blanco (conocido como el hábito de santa María) y la cruz blanca, insignia de esta catedral, en señal de entrega dentro de la Iglesia en adelante ya no seguirán siendo un grupo privado, sino que serán limosneros-redentores de cautivos y al mismo tiempo representarán a la Iglesia en la misión liberadora de Jesús, el Redentor.

También el rey Don Jaime I de Aragón, ratificó con sus consejeros el aspecto social de la nueva fundación, que además tendría carácter militar. Los convierte en caballeros al servicio de los más necesitados, pobres y cautivos, y por consiguiente en emisarios suyos. Cuentan con el respaldo del rey para colectar limosnas y actuar en tierras musulmanas. Así Nolasco y sus hermanos actúan en nombre de la Iglesia y del pueblo, con todas las garantías legales.

Nolasco y sus seguidores, aunque caballeros del reino no vivirán en clave de encumbramiento y honor, pues seguirán siendo caballeros pobres. No tendrán más casa que el antiguo hospital de santa Eulalia, continuo a la catedral de Barcelona, recibido en usufructo, hasta que en 1234, el rico Raimundo de Plegamáns les regale casa propia. Montarán cabalgadura, pero así lo hacían ya al recorrer caminos largos, en busca de limosnas. Tendrán la garantía del rey, pero serán pobres, “ministros de los pobres”, “cuestores de limosnas”, dedicados a liberar a los cautivos.

Dios es el verdadero fundador pero realiza la obra por medio de Nolasco, así lo expresan sus hermanos en las primitivas constituciones: “El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo determinaron fundar y establecer esta orden; y para ejecutar lo decretado, constituyeron su servidor, mensajero, fundador y promotor a fray Pedro Nolasco”.

Como promotor de la Merced, toma a sus espaldas la tarea redentora que continuará después de su muerte. Nolasco acoge a los nuevos hermanos y funda conventos para extender su acción liberadora.

Promueve cofradías de cristianos colaboradores de su empresa; suscita grupos de mujeres que le ayudan. Por todo esto se le llama el “adelantado” de la gran tarea de liberación.

En una vida de intenso trabajo, Nolasco funda casi 20 casas así organiza espacios para la recolección de limosnas en Cataluña y Aragón, en Valencia, Castilla, Navarra y sur de Francia. Su capacidad de creación, sus dotes de excelente organizador y comerciante de Dios, hombre de empresa, apasionado por la libertad dedicado a las tareas redentoras son de sus características más significativas pero sin dudas lo que más impresiona de este santo es su entrega total a la causa de la redención; toda su vida y todos los recursos, no solo personales sino los de toda la orden deben estar en función de liberar. No había para él y sus compañeros nada más importante que la libertad de los cautivos.

Muerte y ascención a los altares.

Cuando muere, hacia 1249, el 6 de mayo, la orden contaba con unos 100 hermanos, reconocidos oficialmente por el papa Gregorio IX desde 1235, formando el centro de una extensa y eficaz institución liberadora.

Luchando contra el tiempo y superando obstáculos, se consigue en el año 1628, con la presentación de nuevos documentos y testigos, replantear la causa por la vía de culto inmemorial, de manera que después de un breve proceso, fuese reconocido el culto inmemorial y concedida las autorizaciones para celebrar su oficio y misa, Pedro Nolasco quedaba beatificado por lo que se conoce como “vía equipolente”. El 19 de Junio de 1655, fue introducido en el canon de los santos, era la gratitud de la iglesia a la obra liberadora de este hombre que se hizo pobre con los cautivos y de mercader de telas se convirtió en mercader de libertad.

Dentro de pocos años, en el 2018, todos los miembros de esta familia, en todo el mundo, celebraremos el octavo centenario de la fundación de la orden mercedaria. Hemos comenzado, en Cuba y de manera especial en nuestra diócesis, el trienio preparatorio al Jubileo de la fundación, este primer año el Consejo General de la Orden lo ha dedicado a la figura de nuestro fundador. Será un tiempo propicio para conocer y reflexionar sobre la vida y obra del este gran santo, que a imagen de Cristo, se hizo “servidor de la libertad”.

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