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¿Quién es Hildelisa Ramos Cedeño?

Soy una mujer de origen humilde y sencillo, casada, tengo tres hijos y cinco nietos, pertenezco a la comunidad de la Cuasiparroquia de San Lázaro.

Antes de ser misionera, animadora de casa de misión y visitadora de enfermos, ¿quién era?

Antes era un ama de casa común, con los afanes y trabajos de una madre de familia. Junto a la hermana María Morales, hs, fundamos la catequesis del reparto Agramonte, que pertenecía entonces a la Parroquia de Santa Ana. Siempre he sido activa, junto a mis hermanos en Cristo.


¿Cómo nace la idea de visitar los enfermos del Hospital Oncológico?

La idea surge de nuestro arzobispo Monseñor Juan García Rodríguez, quien me sugiere un día que formemos un grupo de misioneros para visitar a los enfermos del Hospital Oncológico todas las semanas y nos podamos turnar para que no faltara una palabra de aliento de parte de Dios a los allí internados. A lo largo de los años varios son los misioneros que hemos realizado esta labor: Delmis, María Rosa, Norma, Margarita, Marcia, Dairen, el Diácono Daniel y yo.

Cuéntanos, ¿cómo lo haces y a quiénes visitas?

Salgo de mi hogar en íntima oración, para que el Espíritu Santo bendiga mis manos y ponga palabras en mi boca de consuelo y esperanza. Al comenzar a hablar con los enfermos lo hago con un sencillo saludo con voz muy baja, le digo que soy de la Iglesia Católica, me intereso por su salud y tratamiento. Luego hablo de algún pasaje del Evangelio, si es de su interés. Hacemos una oración con la persona que le acompaña. En muchas ocasiones me piden poner mis manos sobre sus tumores o lugares donde tienen un dolor muy fuerte, con la oración poco a poco van sintiendo alivio, entonces ellos agradecen y yo les respondo: ¡Alaben a Dios! ha sido Él quien me utilizó. Otras veces me retiro deseándoles la bendición de Dios.

Visito y toco a todos los enfermos, siempre me da tiempo a recorrer todo el Hospital, sin apuro para retirarme.

¿Qué te inspira? ¿Qué esperas?

Me inspira, sin lugar a dudas, el Espíritu Santo, que me ayuda a transformar en alegría y gozo el pesar de muchos enfermos por sus diagnósticos. Me inspira mi compromiso como confirmada y sentirme siempre en la amorosa presencia de Jesucristo.

Espero sembrar el amor de Dios Padre en cada corazón, que en muchas ocasiones no lo conocen, sembrar el cariño y ternura de nuestra Madre la Virgen María; espero dejarlos llenos de esperanza por una vida mejor, en paz y puedan dar frutos de ese amor que nunca desfallece.

¿Crees que estas visitas puedan hacerse en otros centros de salud?

Considero que esta bella misión, por ser los enfermos los elegidos de Dios, deba llevarse a todos los lugares donde existen personas que necesiten ser consolados y animados.

En estos años, ¿has tenido alguna dificultad? ¿Cuál o cuáles han sido tus mayores alegrías?

En mis años de misión nunca he tenido dificultades, solo el miedo a ese primer contacto con los enfermos, que ha sido superado, hasta sentirme feliz de lo realizado.

Mis mayores alegrías son ver en los ojos de los enfermos el brillo de la esperanza cuando mi Señor y yo estamos en las salas del Hospital. Ellos tienen muchas dudas e interrogantes que al responder con cariño, respeto y paz, van poco a poco amando al Salvador y aceptando los momentos difíciles que les ha tocado vivir. Alegría es lo que siento en mi corazón al recibir de ellos esos gestos portadores de agradecimiento y cariño después de la visita. Alegría es cuando los llevo a reflexionar sobre la mejor vida que adquirimos al contemplar el rostro de Papito Dios, cara a cara, después de la muerte, sin dolor ni sufrimientos. Salgo siempre cantando alabanzas al Señor, por haberme escogido a mí para esta misericordiosa misión.

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