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Por Neidys HernándezAvila

Hoy celebramos la fiesta de María Magdalena. La liturgia romana identifica a tres mujeres con el mismo nombre:la pecadora (Lc. 7, 37-50), aunque no dice que era prostituta; la que seguía al Señor (Jn. 20, 10-18) y la hermana de Lázaro (Lc. 10, 38-42).

 


En cualquier caso, fue una pecadora arrepentida, de la cual Jesús expulsó siete demonios (Lc. 8, 2); que se dedicó a servirle con sus bienes (Lc. 8, 3) porque junto a otras mujeres lavaba la ropa, preparaba los alimentos, quizás cuidaba a los niños mientras los mayores escuchaban al Señor y ayudaba a catequizar a niños, ancianos y mujeres; que estuvo junto a la cruz (Mt. 27, 55; Mc. 15, 40 y Jn. 19, 25) y que fue al sepulcro el domingo de la resurrección temprano en la mañana y lo encontró vacío. El Hijo de Dios quiso manifestar la gloria de su resurrección a aquella mujer manchada por el pecado y santificada por la penitencia.

María Magdalena también es mencionada en varios evangelios apócrifos. Es considerada santa por la Iglesia Católica, la Iglesia Ortodoxa y la Comunión anglicana.


Desde María Magdalena hasta hoy, la mujer en la Iglesia Católica ha estado presente y ha desempeñado varios roles. En las primeras comunidades cristianas, hombres y mujeres se reunían sin distinción y ellas podían presidir la comunidad. Pero luego, los procesos que ha vivido la Iglesia como institución fueron relegándola a un segundo plano. Aun así, las mujeres han sabido utilizar las rendijas que le dejaba la institución eclesiástica para transmitir sus conocimientos, muchos de los cuales nacían de un encuentro con Dios después de una apuesta radical por la oración, espacio éste de libertad que no podía ser dominado ni coartado por ningún hombre ni norma. Así encontramos en los altares mujeres como: santa Catalina de Siena (1347-1380), santa Teresa de Jesús (1515-1582), santa Rosa de Lima (1586-1617), santa Teresita de Lisieux (1873-1897).


No es hasta el Concilio Vaticano II (1962-1965) que se le comienza a dar importancia nuevamente a la participación de la mujer.En el Mensaje Final del Concilio, que constituye el primer reconocimientoformal del papel de las mujeres a favor de la Iglesia y de la sociedad, se afirma: “llega la hora,ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud, la hora enque la mujer adquiere en el mundo una influencia, un peso, un poder jamásalcanzados hasta ahora. Por eso, en estemomento en que la humanidad conoce unamutación tan profunda, las mujeres llenas del Espíritu del evangelio pueden ayudartanto a que la humanidad no decaiga”.

 

El Papa san Juan Pablo II en la Carta MulierisDignitatemaborda la dignidad y la vocación de la mujer y hace referencia a santa María Magdalena como “apóstol de los apóstoles”, título que le dio santo Tomás de Aquino. También el Papa Emérito Benedicto XVI reconoce a la mujer cuando afirma: “la relación hombre-mujer en su respectiva especificidad,reciprocidad y complementariedad constituye sin duda alguna un punto central de lacuestión antropológica, tan decisiva para la cultura contemporánea y en definitivapara toda cultura”.

El pontificado de Francisco ha retomado esta necesidad de ver las bondades de la mujer en la participación de la vida de la Iglesia a la par del hombre: en el servicio, en la formación de los fieles, en la misión evangelizadora y en cualquier campo del amplio espectro que abraca la Iglesia,a partir de una sólida base antropológicailuminada por la Revelación. También alienta a todos los fielescatólicos a asumir la responsabilidad que nace del Bautismo y de la Confirmación. En este preciso contexto es donde el Papa subraya la necesidad de contar con el geniofemenino en todas las expresiones de la vida social, también en las eclesiales, en lascuales reclama ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva.

El 10 de junio de 2016 la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos publicó un decreto por el cual se eleva la memoria de santa María magdalena al grado de fiesta en el calendario romano general, por expreso deseo del Papa Francisco.

Las mujeres estamos llamadas a ser como santa María Magdalena en lo que se refiere a la confesión y arrepentimiento de los pecados, al servicio a la Iglesia y al anuncio de la Buena Nueva, indicando al Resucitado como el camino de Salvación.

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