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Por P. Rolando Montes de Oca Valero.
Aunque las duras circunstancias que nos han tocado vivir las hayan convertido para muchos en un lujo inalcanzable, las vacaciones no han dejado de ser un derecho y una necesidad.  Ahora bien, no procuramos cualquier descanso, sino aquel que nos devuelva mejores, más humanos y serenos que como nos dejó julio. Las vacaciones cristianas deberían ser jornadas…

 

  • Con tiempo para descansar, dormir más y evitar ese tipo de actividad que nos impida reponer fuerzas en este tiempo.
  • Con tiempo para gastar con la gente que queremos y nos quiere, a los que tal vez no le solemos decir lo afortunados que nos sentimos de que estén en nuestras vidas.
  • Con tiempo para estar y hacer cosas en familia. Compartir con los que Dios nos ha regalado y a los que a veces les dedicamos poco tiempo.
  • Con tiempo para orar. Es la respiración del alma. Es muy sano tener espacios de silencio habitado por la presencia de Dios, leer la Palabra de Dios en ambientes de oración, revisar tu año a la luz de la oración para descubrir en Él, la presencia y acción del Dios discreto, pero presente que nos ha sostenido en cada paso.
  • Con tiempo para buenas lecturas. Tener un buen libro de compañero,  ensancha la mente y distrae, al tiempo que nos enriquece como persona.
  • Con alguna actividad física que le haga sentir a nuestro cuerpo que nos interesa, que no solo le sacamos trabajo como si fuera un burro, sino que lo cuidamos. El sedentarismo es una autoagresión.
  • Con tiempo para pensar en lo que he sido y hecho y en cómo ser y hacer para que mi vida sea más humana, más feliz, más de Dios.
  • Con tiempo para disfrutar de la naturaleza. La creación es maravillosa y Dios nos regala hermosos amaneceres y atardeceres en agosto, no nos los perdamos.
  • Con  menos redes sociales, que a veces nos enredan mucho.  Con tiempo para pasar más conscientes, más vivos….
  • Con misas dominicales. Qué bueno que al viajar no se me quede la misa del domingo, sino que por el contrario desde que prepare mi maleta lo haga pensando dónde hay alguna misa a la que pueda asistir, ¿y si no la hubiera? pues que el domingo sea de Dios y lo “santifique” con  mi oración y lectura de la Palabra de Dios. Que el domingo sea de Dios y eso se note.

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