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Cuando vayas a Jerusalén y veas a un niño cogido de la mano de un hombre, escucharás de la voz del niño: Abba.

Esta palabra que Jesús pronunció en arameo, dialecto de su tiempo en tierra santa, indica la familiaridad y confianza  del niño con su papá. Algo así como tú le dices a tu padre: papá, papito, mipa, viejo,
pa, …

Abba se menciona pocas veces en el Nuevo Testamento (Mc 14, 36; Romanos 8, 15; Gálatas 4, 6) el cual fue escrito en griego y por eso comúnmente se escribe Padre. Yo te bendigo, Padre (Mateo 11, 25; Lucas 10, 21); Padre, te doy gracias por haberme escuchado (Juan 11,41); Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu hijo (Juan 17, 1); Padre Santo, cuida en tu nombre a los que me has dado (Juan 17, 11); Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté también estén conmigo (Juan 17, 24); Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen (Lucas 23, 34); Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lucas 23, 46).

Esta expresión de hablar con Dios no era común en el Antiguo Testamento aunque el profeta Oseas presenta a Dios como Padre de Israel y el salmo 103 canta: “Como un Padre siente ternura por
sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles” (Salmo 103).

También nosotros podemos dirigirnos a Dios Padre con la ternura, confianza y seguridad de Jesús. También nosotros somos hijos de Dios, pensados por él desde la eternidad, creados por Él en el seno materno a través del amor de nuestros padres, amados por él con ternura verdadera y realmente paterna. Cuando la humanidad estaba perdida y era incapaz de ser feliz, Él no nos abandonó al poder de la muerte sino que por su amor nos envió a Su Hijo, el cual se hizo hombre, anunció la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos y a los afligidos el consuelo. Murió en la cruz para el perdón de los horribles pecados nuestros y resucitando destruyó la muerte eterna y nos enseñó a vivir felices, dichosos y bien aventurados aquí en esta tierra para después serlo en la casa del cielo los hijos con el Padre.

La sociedad considera importante calificar a un personaje como padre. Así titulamos, por su extraordinaria contribución a:

1. P. Félix Varela Padre del pensamiento cubano
2. Carlos Manuel de Céspedes Padre de la Patria
3. Herodato Padre de la historia
4. Paracelso Padre de la medicina
5. Copérnico Padre de la astronomía
6. Pascal Padre de la barología
7. Isaac Newton Padre de la gravitación universal
8. Freud Padre de la sicología analítica
9. Giuglenmo Marconi Padre de la radio
10. Alan Thuring Padre de la computación
11. Vladimir Zworkin Padre de la TV (tubo de rayos catódicos u orticón)
12. Servet Padre de la circulación pulmonar
13. Emile Berliner Padre de la microfonía
14. Albert Einstein Padre de la relatividad universal y particular

El obispo para la Iglesia es imagen de Dios Padre. Está prohibido por la misma Iglesia tener imágenes de Dios Padre y sin embargo al obispo en su ordenación sacerdotal le exhortan: cuida el rebaño en el nombre
de Dios Padre, cuya imagen representas.

Al sacerdote le dicen los fieles y el pueblo “Padre”.

Él renunció al matrimonio por el reino de los cielos y los hijos e hijas de otros padres lo califican y lo llaman “Padre”.

Tanto el obispo como el sacerdote han de mostrar la ternura, compasión y misericordia de Dios Padre.

La primera página de la Biblia (Génesis 1, 27- 28) nos dice: “Cuando Dios creó al hombre, lo creó semejante a Él; hombre y mujer los creó y les dio su bendición: tengan muchos, muchos hijos, llenen el mundo…”

Dios ha hecho al hombre creador y padre y ha querido que del amor del padre y la madre nazca el hijo que vive en el seno materno nueve meses sintiendo directamente el cariño de su mamá y las caricias y
los besos externos de su papá. Este cariño paternomaterno marca la vida del hijo para siempre.

La sicología nos dice que los cinco primeros años de la vida son imborrables. La madre nos aporta, además de otras muchas bendiciones, la ternura, tan necesaria para la convivencia entre todos.

El padre nos aporta la fortaleza para vencer dificultades propias de la vida.

Cuando a un pequeño le falta la presencia y el cariño del papá se vuelve inquieto, intranquilo, insoportable.

Alguna madre ha afirmado: es mejor un padre  regular que un padrastro bueno.

Una niña de cinco años vio la separación de su papá y mamá. Un día vino el papá con su nueva relación a visitar la niña donde estaba la mamá con su nueva relación. Después de conversaciones sobre el
sol, la luna y las estrellas y sin nada importante con relación a la criatura, ella dijo: “Vamos a solucionar este problema: Señora, usted se va con el marido de mi mamá y papi y mami se quedan conmigo en mi casa”.

Al final es el deseo interior de cada niño y niña: que su papá y mamá estén juntos al lado de sus hijos.

Cada persona recoge lo que siembra. Si un padre no siembra y cultiva paternidad con sus hijos, será un milagro que al final de la vida y en medio de la vejez recoja amor de hijos.

Dios te hizo papá como Él. Cuida los hijos que tienes, acompáñalos, defiéndelos, enséñalos, regáñalos, juega y pasea con ellos y nunca te separes de ellos. Habla con ellos como Tobit con Tobías (Tobías
4, 3-19). Serán felices y tú y tu esposa también. Tú también eres imagen de Dios Padre.

Comentarios   

BestJerrell
0 #1 La Iglesia Católica en Camagüey, Cuba (versión beta)BestJerrell 29-10-2018 18:20
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