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Juan 7, 1-2. 10. 25-30

Para muchos contemporáneos de Jesús eran suficiente su palabra y sus obras para reconocerlo como el Mesías prometido. Para otros, no fue tan fácil comprender que aquel joven que compartía las inquietudes de su pueblo, que hablaba públicamente del Mensaje de Salvación, y que por ello era perseguido, estaba llamado por su Padre para anunciar el mensaje del amor. Muchos fueros sus opositores, incluso sus mismos parientes, no entendían, no podían entender, porque para lograrlo se necesita una inteligencia superior: la inteligencia del corazón: la fe. Muchos se asombraban de que Jesús a pesar de estar perseguido, escapaba: no había llegado su hora. La hora de Jesús estaba señalada por el Padre del Cielo, y era la hora en la que su gloria se manifestaría a todos, para darnos la seguridad de que El estuvo, está y estará junto a nosotros hasta el fin de los tiempos.
P. Julio A. Perozo García

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