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Por Diác. Miguel Ángel Ortiz Corrales.

El servicio de la Caridad.

Podría parecer el Ministerio de la Caridadel servicio ministerial más importante del diácono,no loes, pues la Caridades uno de los tres ámbitos del ministerio diaconal que conforman el servicio de la triple diaconía (Palabra, Liturgia y Caridad)dos de los cuales(Palabra y Liturgia)hemos expuesto en publicaciones anteriores,sin embargo, asumiendo el quehacer del diáconomodalidades múltiples para poder resolver las diversas necesidades de la comunidad cristiana, y permitir a ésta ejercer su misión caritativa,1 de algún modo el Ministerio de la Caridad refleja de una mejor manera el quehacer de un diácono en la Iglesia.

 

El servicio de la caridad lo realiza el diácono en nombre de Cristo, y no solo tiene como objetivo paliar la situación concreta del necesitado. Para configurarse verdaderamente con el Maestro, es necesario asumir la centralidad del Mandamiento del amor, que Él quiso llamar suyo y nuevo: “Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”2. Este amor, con la medida de Jesús, de total don de sí, además de ser el distintivo de cada cristiano, no puede dejar de ser la característica de su Iglesia, comunidad discípula de Cristo, cuyo testimonio de caridad fraterna será el primero y principal anuncio, “reconocerán todos que son discípulos míos”34, por tanto tiene el servicio diaconal de la caridad que servir para que todos los miembros de la Iglesia se involucren y participen en la vida caritativa de la comunidad. Un proceder diferente puede llevar a un protagonismo exclusivo que rompería los lazos de comunión con el obispo, los presbíteros, y la Iglesia toda. La caridad no solo es dar al necesitado, es aquella virtud que nunca pasará5 experiencia inmediata de los primeros cristianos, que tiende a la reciprocidad y engendra la comunión fraterna y la comunión de bienes, que hace que la Iglesia toda se esfuerce por transformar de manera efectiva el mundo según Cristo.

El Don recibido del Espíritu, por la imposición de manos del Obispo el día de la Ordenación, abre para el diácono el horizonte hacia el ejercicio cotidiano de la comunión, a través de la cual los dones del Espíritu son puestos a disposición de los demás para que circule la caridad6

Como servidor del Evangelio, el diácono es consciente de ser llamados a vivir el amor a Jesucristo y a la Iglesia en la intimidad de la oración, y de la donación de sí mismo a los hermanos en especial los pobres, los marginados, los necesitados,ellos tienes que ser para los diáconos una de lasrazonesmás importantes de su consagración, y a imagen de san Lorenzo, deben considerarles la riqueza más genuina de la Iglesia.Cuenta la tradición que urgido san Lorenzo por el pagano alcalde de Roma a entregar las riquezas de la Iglesia, pidió tres días, reunió a enfermos, ciegos, leprosos, sordos y genteen extrema pobrezamostrándolos como el más legítimo capital de la comunidad cristiana.



[1] Cfr. Directorio para la Vida y Ministerio de los Diáconos. 40

[2] Cfr. Jn 15, 12

[3] Cfr. Jn 13, 35

[4] No.138. Documento final del Congreso de Aparecida

[5] Cfr. 1Cor 13,8

[6] Cfr. 1 Cor 12, 4-12

 

 

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