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Este día, 23 de febrero, en La Habana se clausuraba el ENEC. Un encuentro de reflexión y análisis, donde se trazaron metas y acciones para la Iglesia en estos años tan difíciles, porque sufría persecución, descrédito, humillación, desamparo y amenazas.El ENEC llevó la esperanza a una Iglesia marginada y acechada, hizo despertar las conciencias dormidas, la chispa que encendió poco a poco la apertura. Participaron en este encuentro todos los obispos de Cuba de aquel momento, junto a una representación de sacerdotes, religiosos y laicos.

 

En los inicios de la década del 80, en Cuba no había medios para desarrollar la misión evangelizadora, la mayoría de los sacerdotes tenían más de 50 años de edad y eran extranjeros, las religiosas casi todas extranjeras y  muy mayores, había menos de 60 seminaristas diocesanos y religiosos, la mayoría de los templos no contaban con catequesis y donde había eran muy pocos niños y los Sacramentos que se realizaban eran muy pocos o ninguno. También los laicos que integraban las comunidades era  muy pocos, se le llamó la época de las “tres viejas”. Además, la vida eclesial cubana estaba ajena a lo que sucedía en el mundo porque no había fuente de comunicación, sin acceso a la prensa, la radio o a la televisión, por lo que muchos cubanos veían a la Iglesia como algo del pasado, arcaico y en extinción.

Después que se celebrara la III Conferencia General del Episcopado en Latinoamérica, en Puebla, México, en 1979, los obispos cubanos se reúnen en El Cobre y se percatan que las conclusiones de esta III Conferencia no se aplican a Cuba. Entonces, Mons. Azcárateexpresó: “Hagamos un Puebla cubano”, este fue el punto de partida para realizar la Reflexión Eclesial Cubana (REC) que durante un poco más de tres años analizó y reflexionó sobre la realidad de la Iglesia en Cuba y dio paso a celebrar el ENEC.

La REC estudió la historia de la Iglesia en Cuba, y se dio cuenta que sus luces eran mayores que sus sombras, que estas no eran tan negras y tan numerosas como la propaganda estatal mostraba. Se fue a nuestras raíces, y estas dieron autoestima. Se encuestaron a los fieles, y ellos  respondieron hablando de sus miedos y de sus deseos. El número de católicos prácticos era muy poco; pero también se constató que alrededor de ese pequeño núcleo vivía una religiosidad popular creyente  que, de alguna manera, se refería en sus creencias religiosas a la Iglesia Católica. Una conclusión unánime flotaba en el ambiente de la REC: la Iglesia está presente en Cuba, y quiere estar presente; la Iglesia no está muerta, la Iglesia vive y quiere vivir más. Y esta Iglesia solo tiene un camino: encarnarse en la sociedad cubana para hacerse misionera.

El Santo Padre San Juan Pablo II envió a SER Cardenal Mons. Eduardo Pironio (1998), presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, quien sintetizó el sentimiento de la REC como: “La Iglesia en Cuba deber ser misionera, orante y encarnada”. Estas fueron las tres prioridades emanadas del ENEC. Una Iglesia misionera que escucha la voz del maestro que la llama a los confines de la tierra y la envía a predicar a todos; una Iglesia orante, abierta a la libre y liberadora acción del espíritu; y una Iglesia encarnada que comparta con su pueblo las luchas y logros, las angustias y los gozos.

Estas líneas de acción siguen hoy vigentes.

 

Bibliografía.

-P. Antonio Rodríguez Díaz. ¿Qué fue el ENEC? Revista Espacio Laical. Año 2001.

-ENEC. Documento final e instrucción pastoral de los obispos de Cuba.

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