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El Espíritu del Resucitado artífice de comunión. Comentario a Hch 4,32-37
Desde el presbiterio donde presido la Eucaristía dominical puedo tener una visión panorámica de todas los hermanos y hermanas que la celebran. Desde allí he podido observar cómo hay pequeños grupos en la comunidad que se mantienen siempre en el mismo sitio, ni siquiera miran hacia atrás o hacia delante para descubrir que hay alguien que no conocen. Esto lo he observado también en otros países donde he podido compartir la Misa con otros católicos. Es una constatación personal y me atrevo a decir que pudiera expresar una actitud interior: no me importa conocer y amar a los hermanos y hermanas de mi comunidad. Quizá suena un poco duro, pero domingo a domingo es lo que percibo, al menos externamente.

Hoy el Señor nos invita a no desanimarnos en los esfuerzos que realizan las personas que trabajan por la unidad, la concordia y la paz en la Iglesia y en el mundo. Podemos apreciar la obraque el Espíritu del Resucitado está haciendo desde los comienzos de la Iglesia para crear una humanidad que vive en la comunión: “Se mantenían constantes en la comunión…tenían todo en común…con un mismo espíritu partían el pan en las casas…”(Hch 2,42.44.46). “Tenían un solo corazón y un solo espíritu…”(Hch 4,32).
Lo esencial en esta perícopa del libro de los Hechos de los Apóstoles es la unión. Existía en aquellas primeras comunidades cristianas además de una unidad en la oración y la celebración de la fe, una comunión de los bienes: “… No había entre ellos ningún necesitadoporque todo el que tenía…lo ponía a los pies de los apóstoles… “(Hch 4, 35) ¡Qué necesaria se hace esta comunión en nuestras parroquias llena de tantas miserias materiales! San Lucas autor de este libro del Nuevo Testamento insiste en este tema del desprendimiento de los bienes también en su evangelio:
“Dirigiendo la mirada a los discípulos, les decía: -Dichosos los pobres, porque el reinado de Dios les pertenece (Lc 6, 20)
Al oírlo, Jesús le dijo: -Una cosa te falta, vende cuanto tienes, repártelo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo, después sígueme. (Lc 18, 22, etc.)
La unión entre los seres humanos es una llamada urgente para que termine la guerra, los desplazados, las abismales diferencias económicas entre los países y los atentados terroristas.
Es la celebración eucarística donde se simboliza y se realiza la comunión universal que existirá plenamente al final de los tiempos. Si tomamos conciencia de lo hace el Espíritu Santo como artífice de la transformación de la comunidad en un solo Cuerpo de Cristo, podremos comprender su impulso para que no sólo nuestras celebraciones sean vividas en un ambiente más fraterno y de unidad, sino que podamos con su auxilio ser fuente de comunión allí donde vivimos.

Comentario realizado con la ayuda del Señor,
por el sacerdote diocesano P. José Gabriel Bastián Cadalso

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