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Juan. 10,1-10: “Yo soy la puerta de las ovejas”.

Estamos viviendo  el tiempo de  la Pascua donde celebramos al Resucitado, que viene a consolar y  a alentar nuestro caminar.
La experiencia del Resucitado la hacemos vida en nosotros manteniendo una relación personal con él, experimentando y haciendo memoria de los signos que manifiestan su presencia.
No basta escuchar, hay que ponerse en movimiento y entrar en la dinámica del Reino. Como los discípulos de Emaús le reconoceremos “al partir el pan” y al recordando tantos momentos en que también en nosotros, como en  ellos, ardía nuestro corazón. O como a María de Magdala al ser llamada por su nombre.

Si logramos mantener una vida de comunicación personal  con Jesús también descubriremos y seremos signos de su presencia de Resucitado.
Cuando Jesús nos dice: “Yo soy la puerta”, nos está invitando a entrar por ella con confianza. Quien la cruza se abre a una manera nueva de ver la vida, de comprometerse y de ser testigo coherente.
Si él es la puerta por ella hemos de entrar todos  sus seguidores si queremos revitalizar nuestra fe y nuestra identidad cristiana,
Solamente las ovejas que reconocen la voz del Pastor, y se sienten llamadas por él, son capaces de seguirle fielmente.
Con esta imagen se describe el proceder de Jesús con las personas, que genera amistad para alcanzar la plenitud de vida;”Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” 
 Podemos preguntarnos: ¿somos camino de consolación para el sufrimiento y el dolor de nuestro pueblo? ¿Nuestra vida genera testimonio de experiencia de resurrección y vida positiva que  alienta y da esperanza?
Desde él recibimos la fuerza para comenzar cada día, sabiendo que siempre se nos da una nueva oportunidad.

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