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Juan. 13, 16-20 QUIEN RECIBE AL QUE ENVIE ME RECIBE A MI.
Les aseguro que el siervo no  es más que su señor, ni el enviado más que el que lo envía. Estas palabras las dijo Jesús después de lavar los pies a sus discípulos.
El evangelista se vale del signo de lavar los pies  y con ello sintetiza toda la vida de Jesús. Resume  todo lo que hizo, como se consagró de manera total para dar dignidad a las personas con su servicio desinteresado y dando la vida por todos. Es un gesto de plena  humildad, puesto que lavar los pies era un trabajo de esclavos.  Jesús se hizo esclavo siendo el maestro y el Señor.

Es el ejemplo que quiere dar a sus discípulos y a todo el que quiera seguirle. De su boca salen estas palabras: “no he venido a ser servido sino a servir”. Las comunidades ya sean religiosas, laicales o cualquier grupo que quieran vivir al estilo de Jesús, deben asumir este nuevo modelo de servicio humilde, aunque esta actitud pueda estar amenazada por los egoísmos que pueden  surgir dentro de la comunidad. “Cuanto más grande seas, mas debes humillarte y ante Dios hallaras gracia” (Eclo3, 18.20.) La humildad nos dispone para acoger esta gracia. Pero debemos estar abiertos y disponibles porque el Señor niega su gracia a los soberbios; esto es porque la concede  en forma de humildad y solo los humildes la reconocen. Cuando uno se sabe pobre y pequeño, cualquier cosa le parece grande. Pero cuando uno se hace grande nada o casi nada le satisface.
La humildad  cuesta, no es fácil, aunque hemos visto inmensidad de ejemplos y enseñanzas  sobre la humildad. “Para ser humildes hay que ser muy libres y no dejarse controlar por los demás”.  La humildad desactiva esa voz que nos vuelve competitivos con los demás y nos quiere colocar siempre en primer lugar.
Somos siervos enviados por Dios para llevar su palabra, en esto no estamos solos. Él tiene perfecto cuidado de cada uno de nosotros, de nuestras vidas. Todo lo que somos y tenemos como elegidos de Él, debe estar a su servicio.
 Como hijos de la luz y motivados por el amor que brota del corazón del resucitado, tomemos nuevo impulso en esta tarea evangelizadora de llevar su palabra por todos los rincones del mundo, con mucha disponibilidad, alegría y  humildad.

Sor. Alba Mercedes

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