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Marcos 10, 1-12. Tiempo Ordinario. El amor mutuo entre los esposos, es imagen del amor con que Dios ama al hombre.
Recuerdo que en una ocasión le pregunté a una señora el por qué se había separado de su esposo, después de tantos años de matrimonio. Aquella mujer muy convencida de su respuesta me dijo: “Hermana, se acabó el amor”. Sin duda fue una respuesta que obviamente me llamó profundamente la atención. Realmente: ¡¡¡El amor se acaba!!!o las circunstancias de la vida: La falta de diálogo, creatividad, la necesidad de perdón y reconciliación, la escucha, el respeto, aceptación…se van muriendo en la relación de pareja, cuando no hay una entrega mutua y un deseo de guardar la alianza prometida el día en que se juraron amor hasta que la muerte les separe.

 El matrimonio no es simple contrato legal, sino una alianza estable, a semejanza de la de Dios con su pueblo. De ahí que la fidelidad conyugal que Jesús proclama está fundamentada en el amor y no en la ley.El Papa emérito Benedicto XVI, en relación a este texto nos dice:“Esta palabra nos invita a ser más conscientes de una realidad ya conocida pero tal vez no del todo valorizada: que el matrimonio constituye en sí mismo un evangelio, una Buena Noticia para el mundo actual, en particular para el mundo secularizado. La unión del hombre y la mujer, su ser “una sola carne” en la caridad, en el amor fecundo e indisoluble, es un signo que habla de Dios con fuerza, con una elocuencia que en nuestros días llega a ser mayor, porque, lamentablemente y por varias causas, el matrimonio, precisamente en las regiones de antigua evangelización, atraviesa una profunda crisis. Y no es casual. El matrimonio está unido a la fe, no en un sentido genérico. El matrimonio, como unión de amor fiel e indisoluble, se funda en la gracia que viene de Dios Uno y Trino, que en Cristo nos ha amado con un amor fiel hasta la cruz”. (Benedicto XVI, 7 de octubre de 2012).
Hay amor y por eso hay soluciones. Pero luego en el matrimonio dan la impresión de que ya no son capaces de perdonar, aceptarse y de seguir adelante a pesar de todas las dificultades del mundo. Se aburren, se cansan, se hartan y se creen muy justificados echándose la culpa el uno y el otro. Se casaron por amor, pero ahora viven de egoísmo. El vino bueno del primer amor se ha ido convirtiendo en vinagre. El amor que no se cultiva, que no se estrena cada día, tiende a desaparecer.Dios hizo el matrimonio para que los hombres encontraran la felicidad en este mundo, pero la triste realidad es que muchos, por no decir demasiados matrimonios no sólo no encuentran la felicidad en él, sino la desesperación, la amargura y el fracaso.  El matrimonio se estrena cada día. El amor de hoy debe tener la frescura, la fuerza, la delicadeza del primer día. El matrimonio debe tener la fuerza del primer amor.
Jesús abandona definitivamente Galilea para iniciar el camino hacia Jerusalén. Jesús aludiendo a Moisés, enseña que la Palabra de Dios debe interpretarse de acuerdo a la realidad del momento, pero sin olvidar que hay claves hermenéuticas puestas por Dios que no cambian. Jesús insiste en la fidelidad al pacto de amor. El matrimonio es un proyecto de amor que implica igualdad en derechos, dignidad y obligaciones.

Sor. Indhira Johanna

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