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De acuerdo al Evangelio de San Mateo, el rey Herodes le dice a los Reyes Magos: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle.» (Mt 2, 8) Pero ellos «avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino» (Mt 2, 12). Y prosigue el Evangelio de Mateo 2, 16-18: «Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías:‘Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen’».

 En Cuba se ha confundido el sentido de esta fiesta porque se ha fusionado con el rito pagano de la “fiesta de los locos” que procede de la Edad Media y donde se realizan bromas, música, comida, disfraces; cuando en realidad es un día de recogimiento, oración y luto. En la mayoría de los países del mundo se celebra esta fiesta pagana el 1 de abril.

En el siglo IV se instituyó esta fiesta para venerar a estos niños que murieron como mártires. En el siglo V, San Quodvultdeus, Obispo de Cartago en el norte de África y Padre de la Iglesia, dio un sermón con motivo de esta memoria y expresó: “¿Qué temes, Herodes, al oír que ha nacido un Rey? Él no ha venido para expulsarte a ti, sino para vencer al Maligno. Pero tú no entiendes estas cosas, y por ello te turbas y te ensañas, y, para que no escape el que buscas, te muestras cruel, dando muerte a tantos niños”, expresó.

Más adelante el Santo le señala al rey asesino: “Matas el cuerpo de los niños, porque el temor te ha matado a ti el corazón. Crees que, si consigues tu propósito, podrás vivir mucho tiempo, cuando precisamente quieres matar a la misma Vida”.

“Los niños, sin saberlo, mueren por Cristo; los padres hacen duelo por los mártires que mueren. Cristo ha hecho dignos testigos suyos a los que todavía no podían hablar”, enfatizó San Quodvultdeus.

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