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Texto: Neidys Hernández Ávila
Foto: Geoberti Jiménez

Basílica Menor Nuestra Señora de la Candelaria, Arquidiócesis de Camagüey, 24 de octubre de 2016 / Llenos de alegría, el pasado sábado 22 de octubre, más de ciento setenta misioneros laicos celebramos el Jubileo de la Misericordia Diocesano.
Desde las 8:00 a.m. comenzaron allegar desde Vertientes con el Hno. Javier Anso sm; de Esmeralda con las Hnas. Nieves García y Gloria Sabugo; desde Nuevitas con el P. Castor Álvarez; Najasa; Céspedes y las parroquias de la ciudad; a la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús. Allí tuvimos una Hora Santa con exposición del Santísimo y confesiones con los padres Raúl Fernández y Castor Álvarez, cuyo servicio fue insuficiente por tantos fieles que querían recibir el perdón de Dios.

Durante esta Hora Santa leímos pasajes bíblicos, como: Jon 3, 1-10; Salmo 50 (51); Heb 4, 14-16 y Lc 6, 27-38; cantamos las letanías de la Misericordia y otros cantos; hubo momentos de silencio y reflexión.
Al terminar, el P. Raúl Fernández dio la bendición con el Santísimo Sacramento, luego fuimos a la entrada de la iglesia, donde hicimos la oración del Año Santo Jubilar y abrazamos al padre misericordioso de la imagen q2ue está en el portal, a la entrada de la iglesia.
De ahí fuimos en peregrinación hasta la Catedral, donde a la par y desde bien temprano estaban los niños y adolescentes de la Infancia Misionera, celebrando también su Jubileo.
Al entrar por la Puerta Santa, como si entráramos al cielo, había ángeles, santos y niñas vestidas con los colores del Rosario Misionero.
La Hna Filipa, religiosa de la Divina Misericordia, les habló a todos de la vida de Santa Faustina y del carisma de su congregación.
Seguidamente la Eucaristía presidida por el P. Castor Álvarez y el diácono Rolando Acuña, estuvo dedicada a san Antonio María Claret.

A modo de introducción, las niñas vestidas con los colores del Rosario hicieron una danza y se explicó que cada color simboliza un continente: el verde a África, por el color de sus bosques; el amarillo Asia, por el color de la raza de sus habitantes; el azul Oceanía, por el color del mar; el blanco recuerda a Europa, por la pureza y la paz; y nuestro continente americano es identificado con el color rojo, el de la raza de nuestros indígenas.

En la homilía, el P. Castor nos dijo de la necesidad de la misericordia del Dios que habita en nuestros corazones para responder al llamado que Él nos hace a ir por el mundo a enseñar el Evangelio. Lo bueno que sería seguir a dos santos misioneros que estuvieron en Camagüey: san Juan Pablo II y san Antonio María Claret, ellos fueron llamados a predicar el reino de Dios, al igual que nosotros. Cuando escuchemos la llamada de Dios, no miremos para el de al lado, que es a nosotros a quien llama el Señor a ser “sal de la tierra” y “luz de las naciones”. También nos dijo que el Papa Francisco nos dice “sal de tu tierra”, de los miedos, de las presiones económicas y sociales, para anunciar a Jesucristo, con amor, con paciencia, perdonando y dándonos; nos pide que seamos misioneros de la Misericordia.
Después de la bendición y terminada la misa, fuimos cantando por la calle Cisneros hasta la Casa Diocesana La Merced, donde disfrutamos un exquisito almuerzo.
Damos gracias a Dios por todos los misioneros que pudieron compartir esta jornada, por los padres y religiosas que nos acompañaron, por los hermanos que nos acogieron en sus templos y por la presencia siempre amorosa del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

 

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