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Gioberti Jiménez González.
Camagüey, sábado 21 de enero de 2017.
“Dividido está mi corazón, entre Guantánamo y esta arquidiócesis,  desde que se me nombró arzobispo de Camagüey”.
Así expresó el nuevo arzobispo cubano, Monseñor Wilfredo Pino Estévez, en la Catedral Metropolitana Basílica Menor de Camagüey, durante la misa que dio inicio a su labor pastoral. Media hora antes, a las 10:00 am, monseñor Willy, junto al nuncio apostólico en Cuba y monseñor Juan de La Caridad García, quien pasó a ocuparse de su labor pastoral en la arquidiócesis de La Habana, recorrieron la senda principal del templo, saludando al pueblo de Dios, hasta llegar y arrodillarse ante el santísimo y después ante la tumba de monseñor Adolfo Rodríguez Herrera, primer Arzobispo que tuvo esta arquidiócesis. 

La Eucaristía estuvo presidida por el Nuncio Apostólico en Cuba, monseñor Giorgio Lingua, monseñor Dionisio García, arzobispo de Santiago de Cuba y presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de la Cuba; el Eminentísimo Señor Cardenal Jaime Ortega Alamino y monseñor Juan de La Caridad García Rodríguez, arzobispo de La Habana. En el presbiterio también se encontraban: monseñor Álvaro Beira, obispo de Bayamo-Manzanillo, monseñor Arturo González, obispo de la diócesis de Santa Clara, monseñor Domingo Oropesa, obispo de Cienfuegos, monseñor Manolo de Céspedes, obispo de Matanzas, monseñor Jorge Serpa, obispo de Pinar del Río, monseñor Juan de Dios, obispo auxiliar de la arquidiócesis de La Habana; también el padre Juan Gabriel Díaz Ruiz, hasta el momento administrador arquidiocesano de la sede vacante de Camagüey y el padre Mario Maffi, desde ahora administrador diocesano de Guantánamo hasta la elección del nuevo obispo para esa diócesis en el oriente cubano. Entre los visitantes extranjeros estuvieron monseñor Thomas G. Wenski, arzobispo de la arquidiócesis de Miami y monseñor Luis, obispo emérito en Uruguay. Estuvieron sacerdotes y diáconos de varias regiones de la isla de Cuba, algunos extranjeros y el clero camagüeyano.
El inicio de la ceremonia quedó marcada por el mandato del nuncio apostólico a dar lectura a la bula papal, que encomienda al nuevo arzobispo tomar posesión de la sede vacante en la arquidiócesis camagüeyana. El documento fue leído por el padre Juan Gabriel Díaz Ruiz. A continuación una representación de diáconos, sacerdotes, religiosos y religiosas, niños, jóvenes, adolescentes y matrimonios, subieron hasta la sede para manifestarle satisfacción por llegar a ser arzobispo en esta jurisdicción.
El nuevo arzobispo de Camagüey regresa a su tierra natal, de donde salió para ordenarse obispo y durante la homilía ofreció las gracias a  todos los que participaron y organizaron la Eucaristía; al papa Francisco, por encomendarle esta nueva tarea que le sobrepasa la sacudida que el Sumo Pontífice le está dando a su Iglesia. Agradeció también a los obispos cubanos en general, a las autoridades gubernamentales, entre ellas Caridad Diego, representante para los asuntos religiosos del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y a las autoridades de la localidad.
Agradeció también a su familia, por la presencia y el apoyo que de ellos recibe en todo momento, en especial a su tía Mercedes, que recientemente llegó a su onomástico 99 y que le acompañó en esta jornada. Este instante fue propicio para que recordara a San Juan Pablo II, cuando dijo en su visita de 1998 a nuestro país: “Cuba, cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón”. No dejó escapar la oportunidad de agradecer a tres señoras presentes: Dora, quien ha sido la madre de los sacerdotes de Camagüey; Cuca, que estuvo junto a él, a los pies de Monseñor Adolfo, en el momento de su muerte y a Lili, la cara alegre que recibía a todos en la casa diocesana La Merced. Ante ellas se arrodilló y les pidió pusieran sus manos sobre su cabeza.
En momento análogo recordó al primer arzobispo que tuvo Camagüey, Monseñor Adolfo, y lo catalogó como “hombre grande, sencillo y humilde”. Manifestó que en la celebración que da inicio su labor pastoral en la comarca camagüeyana, está usando su báculo. Al instante pidió prestada la cruz pectoral de monseñor Juan García para continuar con la celebración de la misa. Todo ello como símbolo de dar continuidad a la labor pastoral de estos dos hombres y pastores de la Iglesia que le antecedieron en Camagüey.
Puso su pensamiento en la sala de terapia intensiva del Hospital Provincial, donde está ingresado el padre José (Pepe) Sarduy, maestro y amigo de varias generaciones de sacerdotes, rector del seminario San Agustín, de la Arquidiócesis. Por último, pidió al pueblo de Dios, congregado en la catedral de Camagüey, que rezaran por él, para mantener su fidelidad a Dios y a la Iglesia.
La guantanamera, de Joseíto Fernández, fue el regalo sorpresa que le hiciera el nuevo arzobispo a los guantanameros que lo acompañaron hasta la arquidiócesis de Camagüey, después de ser el obispo de la diócesis Guantánamo-Baracoa durante diez años. La instrumentación musical de la obra fue interpretada por la Banda Provincial de Conciertos, junto al Coro Vicarial, que en la eucaristía interpretó cantos de autores camagüeyanos.
La Iglesia cubana se regocija con este regalo del Señor: el nuevo pastor de las ovejas que ha de sembrar paz, amor y esperanza, como Dios dispone, en medio de su pueblo.

 

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