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Queridos hijos e hijas del legendario e histórico Camagüey: Todavía no he tenido la posibilidad de saludar personalmente a cada uno de ustedes o de presentarme a quien no me conoce, y por eso lo hago ahora: Soy el Padre Willy, hasta ahora obispo de Guantánamo-Baracoa y a quien el Papa Francisco le ha pedido pasar a esta siempre amada Arquidiócesis de Camagüey. A Guantánamo fui como Obispo en enero del 2007, o sea, hace 10 años. Antes había sido sacerdote en Nuevitas, Minas, Senado, Sola, Lugareño, Florida, Céspedes, Agramonte, Piedrecitas, Esmeralda, Jaronú, Jiquí, Palma City, Santa Cruz del Sur, Santa Martha, Macareño, la iglesia de La Merced, Saratoga y la Casa Diocesana. De todas esas comunidades guardo lindos recuerdos y les estoy siempre agradecido. Desde ahora les pido su oración por esta nueva tarea que la Iglesia me ha encomendado. Tarea que asusta porque los dos arzobispos que me antecedieron, Mons. Adolfo y Mons. Juan me han dejado el listón muy alto. ¡Hicieron los dos un trabajo tan extraordinario!

Gracias le doy a nuestra Emisora Provincial Radio Cadena Agramonte por darme esta oportunidad de hablarles hoy, 2 de febrero, aniversario de la fundación de la Villa y día de la Purificación de María, celebración a la que la reforma litúrgica le restituyó el título de “Fiesta de la Presentación del Señor en el templo”. El rito de la bendición de las velas, del que ya se tiene testimonio en el siglo X, se inspira en las palabras del anciano Simeón que recoge la Biblia: “Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones” (Lc. 2, 20-31). Y de este rito significativo viene también el nombre popular de esta fiesta: la así llamada de “La Candelaria”. Camagüey, pues, celebra hoy, gozosa, la fiesta de su patrona, de su abogada defensora: la Virgen María de la Candelaria
Hace cuarenta días celebramos la fiesta de la Navidad, el nacimiento de Jesucristo. Hoy la Iglesia se reúne nuevamente para recordar cuando Jesús fue presentado en el templo de Jerusalén para cumplir con la ley de Moisés (Lc. 2, 22), pero sobre todo para encontrarse con el pueblo creyente, representado en dos ancianos, Simeón y Ana (Lc. 2, 25-38), que se convierten para nosotros en ejemplo de paciencia y esperanza. Impulsados por el Espíritu Santo, llegaron al templo estos santos ancianos que, iluminados por el mismo Espíritu, conocieron al Señor y lo proclamaron con alegría.
Felicitación, pues, en primer lugar, para las muchas “Anas” de nuestra Iglesia, ésas a las que algunos, en nuestra historia más reciente, bautizaron como las “cuatro viejas” que, como la mencionada Ana con sus 84 años, nunca se apartaron de la Iglesia y mantuvieron encendida la luz de la fe en medio de no pocas dificultades. Gratitud también para con nuestros hermanos mayores en la fe, que como el anciano Simeón, han visto entrar en nuestras comunidades a muchos nuevos cristianos o regresar a los que se alejaron y, juntos, han dado gracias a Dios porque la salvación ha llegado para todos.
Hoy se celebra, por tanto, una fiesta en honor de la Virgen María. Pienso que quizás alguno de los que me esté escuchando quisiera que le explicaran quién fue, quién es, la Virgen María. Con gusto le respondo a su interés.
La Virgen María fue una mujer de carne y hueso como todas las mujeres. La misma tradición de la Iglesia menciona los nombres de sus padres: Joaquín y Ana. La Biblia, por su parte, nos habla de su compromiso matrimonial con José, de las dificultades materiales a la hora del parto de su hijo, de su intervención para conseguir de Dios un milagro que salvara aquella fiesta de bodas que se celebraba en el pueblo de Caná de Galilea, de su presencia al pie de la cruz donde moría su hijo, de su acompañar a los amigos de su hijo en los momentos buenos y malos, etc.
Decir solamente que ella fue una mujer extraordinaria sería quedarnos cortos. Porque en este mundo ha habido, hay y habrá mujeres extraordinarias. Hay mujeres que han viajado al cosmos o han ganado medallas olímpicas como nuestra Yipsi Moreno. Hay mujeres que, incluso, han llegado a ser o son jefas de gobierno. Eso llena de regocijo, aunque es verdad que, desde hace tiempo, en muchos hogares del mundo, Cuba entre ellos, falta el hombre y son las mujeres quienes han tenido que asumir solas el gobierno de una familia, lo que es mucho más importante que ser la Presidenta de un país. Es precioso que algunas mujeres hayan recibido el Premio Nobel de la Paz, como la Madre Teresa de Calcuta, pero pienso que habría que dárselo también a todas las mujeres que, luego de trabajar ocho horas diarias en la calle, trabajan varias horas más en su casa o en su comunidad. ¿Por qué no darles un Premio Nobel a las madres con hijos minusválidos, a las madres viudas, a las madres solteras que prefirieron no abortar y aguantaron todo tipo de críticas, a la esposa que sufre el alcoholismo de su esposo, a las madres olvidadas por sus hijos, a las que atienden a familiares presos, a las que viven, día a día, entregadas al cuidado de familiares ancianos y enfermos, a las que sufren discriminaciones sutiles en sus trabajos por ser mujeres, a las amas de casa que no encuentran tiempo ni para pintarse las uñas o teñirse las canas? Afortunadamente las mujeres saben soportar el sufrimiento mejor que muchos hombres y no se preocupan por aspirar a premios.
Pero en toda la historia de la humanidad, sólo ha habido una mujer, la Virgen María, a la que se le dijo con toda razón: “Bendita tú entre todas las mujeres”. Y la razón es simple: Dios la escogió. A ella, sólo a ella, Dios le pidió ser la Madre de Jesucristo. Y a ella, sólo a ella, se le pidió ser la primera creyente, la primera discípula del Hijo de Dios, Jesucristo. Ella, una mujer de nuestra raza, y a quien, como a todas las mujeres judías, no se le enseñó a leer ni a escribir, creyó firmemente en Dios. El único título que ella se dio a si misma fue el de “la esclava del Señor”. Ella conoció, mejor que nadie, el corazón de su Hijo Jesucristo, y por eso nos puede llevar a él.
Así lo creyó la Virgen María y por ello merece todo honor. No olvidemos que el propio Jesucristo, clavado en la cruz, nos la dejó como Madre. Allí le dijo al discípulo Juan lo mismo que nos dice hoy a nosotros: “Ahí tienes a tu Madre” (Jn. 19, 27). Y ella, a su vez, nos da a los cubanos de hoy su conocido consejo: “Hagan todo lo que Jesucristo les diga” (Jn. 2, 5).
Con el correr de los años, cada país ha querido tener a la única Virgen María como algo propio: para los mejicanos, por ejemplo, ella es la Virgen de Guadalupe; para los franceses es la Virgen de Lourdes; para los portugueses, la Virgen de Fátima; para los brasileños es La Aparecida; para los venezolanos, Nuestra Señora de Coromoto; para los cubanos, ella es la Virgen de la Caridad del Cobre. También ella es conocida con diversos títulos como María Auxiliadora, María Inmaculada, la Virgen Milagrosa, etc. A ella, además, la invocamos como “consuelo de los afligidos”, “refugio de los pecadores”, “salud de los enfermos”, auxilio de los cristianos”, “madre del buen consejo” y otros preciosos títulos más.
Queridos hijos e hijas: ¿Fue casualidad, o más bien providencia de Dios, que la nave en la que arribó a Cuba el gran almirante Cristóbal Colón tuviese por nombre el de “Santa María”? ¡Cuántos pueblos de Cuba, cuántas iglesias, cuántas personas, llevan por nombre el de la Virgen o alguna de sus advocaciones: María, Fátima, Milagros, Mercedes, Guadalupe, Concepción, Pilar, Altagracia, Inmaculada, Carmen, Asunción, Lourdes, Rosario, y por supuesto, Caridad! ¡Cuántas personas tienen en sus casas, o llevan consigo, una medalla o una estampita de la Virgen! ¿Cómo olvidar que la primera villa fundada en Cuba tiene el hermoso y encantador nombre de “Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa”? ¿Y que nuestro Camagüey se llamase “Santa María del Puerto del Príncipe”? 
Muchos cubanos le han brindado a ella su arte, su escultura, su pintura, su música, su mármol, su oratoria, su poesía.  Como ejemplo, citemos a nuestra Gertrudis Gómez de Avellaneda quien, en su plegaria “A la Virgen”, compuesta en 1841, se dirige así a la Virgen María:

“Vos, entre mil escogida, de luceros coronada: vos, de escollos preservada en los mares de la vida: vos, radiante de hermosura, ¡Virgen pura! de toda virtud modelo: flor trasplantada del suelo para brillar en la altura”.

La Virgen María actualmente pasa su cielo haciendo el bien en la tierra, y nosotros somos testigos de ello. Ella está tan cerca de Dios, que conviene que acudamos a ella en nuestras necesidades para que interceda ante su Hijo Jesucristo como lo hizo en aquel pueblo llamado Caná de Galilea.
A ella le pido que consiga muchas bendiciones de Dios para cada uno de sus hijos cubanos, los que estamos aquí y los camagüeyanos que viven o trabajan en otros países. Que la Virgen de la Candelaria proteja también a nuestros hermanos de otras religiones. Que ella inspire a las autoridades de la provincia para que todas las decisiones que tomen tengan la bendición de Dios y sean siempre para el bien de nuestro pueblo. Que Ella cuide de manera especial a los niños, ancianos, presos, enfermos, a los que viven solos, a los que se sienten tristes o abandonados, y a los que se alejaron de la Iglesia y quieren volver a ella pero no saben cómo hacerlo.
Prometámosle cada uno de nosotros hoy a la Virgen de la Candelaria ser un poquito mejores: mejores padres, mejores esposos, mejores hijos, mejores compañeros de trabajo, mejor obispo, mejores vecinos. Para ello, mientras ustedes hacen la señal de la cruz sobre sus cuerpos tocándose la frente, el pecho, el hombro izquierdo y el hombro derecho, yo les doy la bendición de Dios. 
Jesucristo, el Señor, esté siempre a su lado para defenderlos. Que Él vaya delante de ustedes para guiarlos y detrás de ustedes para protegerlos. Que Él vele por ustedes y los sostenga. Y la bendición de Dios todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y los acompañe hoy y siempre.
Amén.

MENSAJE DE MONSEÑOR WILLY, NUEVO ARZOBISPO DE CAMAGÜEY, CON MOTIVO DEL 2 DE FEBRERO, ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA CIUDAD Y FIESTA DE LA VIRGEN DE LA CANDELARIA, PATRONA DE CAMAGÜEY

Comentarios   

Georgina Oms Puga
0 #2 Willy ,alli esta s por decision del Padre DiosGeorgina Oms Puga 05-02-2017 00:38
Monsenor Willy, Que Dios lo bendiga y guie en esta nueva responsabilidad que ha asumido, con el nombramiento de arzobispo d e la ciudad d e Camaguey
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karelia calzado
0 #1 Bendiciones Monseñor Willykarelia calzado 03-02-2017 19:49
El señor lo llene de sabiduría para que guié a su rebaño.
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