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Por:Ing. José Miguel Espino

Leyendo el epistolario de San Juan Bosco, durante las festividades del bicentenario de su nacimiento, encontré una de sus cartas que me llamó la atención, tanto por el nombre y la fecha, como por la dirección a donde estaba remitida.
En Italia era costumbre, y aún hoy lo es, llamar Don a los sacerdotes, por lo que el tratamiento era posible indicio que el destinatario lo fuera. Por otra parte el sacerdote y patriota camagüeyano Don Ricardo Arteaga Montejo, cuyo padre fue apresado y condenado por participar en el alzamiento de Joaquín de Agüero de 1851 y cuyos hermanos todos se alzaron en la guerra del 68, fue perseguido, apresado y desterrado por sus ideas patrióticas y antecedentes familiares, (Ver “Un Patriota camagüeyano y sacerdote ejemplar” en el Nro. 21 del Alfarero).

Pasa a Venezuela en 1877 donde llegó a ser Canónigo Magistral y Deán de la Catedral de Caracas, y no volvió a regresar a Cuba hasta 1992. Por lo que atendiendo al nombre, fecha y dirección de la carta podemos concluir que el destinatario de la carta de Don Bosco no es otro que el P. Ricardo Arteaga Montejo, tío del primer cardenal cubano, a quien llevó de niño a Venezuela al tener que exilarse de nuevo después de una breve estancia en Cuba en 1892.
HE AQUÍ LA TRANSCRIPCIÓN DE LA CARTA:


Turín 8 de abril de 1887

A: Don Ricardo Arteaga. Caracas
Muy señor mío y hermano in Corde Christi:
He recibido su muy apreciable del 8 de marzo, que por cierto me proporcionó momentos de sumo consuelo y regocijo viendo que, aunque tan lejos, no deja de haber almas óptimas que también se interesan por nuestra humilde naciente Congregación salesiana, establecida por Dios Nuestro Señor para hacer un gran bien en la sociedad con la educación de la juventud, especialmente la pobre y abandonada.
La idea que Ud. me propone de establecer en esa católica ciudad una Sociedad de Cooperadores Salesianos, no puedo menos de considerarla excelentísima por todos los conceptos, y le secundaremos en todo lo que necesario fuere. Al efecto le remitiremos dentro de breves días, el diploma de director de esos cooperadores y otro diploma para el decurión, que Ud., en conformidad con el parecer de ese reverendísimo y excelentísimo señor arzobispo, tendrá a bien nombrar. Le mandaremos también el reglamento que nos pide. Lo mismo la estampa de San Francisco de Sales, nuestro patrono, y de María Auxiliadora. He encargado le avisen el precio de la estatua de San Francisco, como Ud. desea.
Desde luego puede hacer uso Ud. del cargo de los mencionados cooperadores, de los cuales desearíamos los nombres con sus correspondientes direcciones para inscribirlos en nuestros registros y mandarles el diploma y todos los meses el Boletín Salesiano. Supongo habrá recibido Ud. ya unos veinticuatro números de este mes, como también el diploma para Ud. Tenga pues la bondad de distribuirlos a todos esos buenos y respetables señores cooperadores.
Agradezco infinitamente el afecto que hacia nosotros demuestra el señor arzobispo, a quien deseo se digne hacer presente mi mucha gratitud y respeto. Tanto por dicho venerado señor arzobispo como por Ud. y por todos esos fervorosos católicos cooperadores salesianos no dejaré de pedir al Señor en mis oraciones, recomendando también a todos estos niños hagan lo mismo en las suyas.
Mientras tanto tengo el gusto de ofrecerme de Ud. afectísimo amigo y s. s. q. b. s. m.



Don Bosco moriría el 31 de enero de 1888, nueve meses después de fechada esta carta;  nueve días después de su regreso de Roma, donde inauguró su última obra: la Iglesia del Sagrado Corazón. No tenemos noticias del progreso de la obra del P. Ricardo en Venezuela, ni posibilidades de investigarlo. Tampoco sabemos si a su regreso definitivo a Camagüey como encargado de la parroquia de S. José, que conocemos fue en  1912 según la primera partida de bautismo que aparece con su firma: la # 128 del folio 381 del Libro #4 de bautismos del 12 de octubre de ese año, tuvo algún contacto desde aquí con la obra salesiana o con Dolores Betancourt. El P. Ricardo Arteaga muere el 14 de noviembre de 1915, antes de la llegada de los primeros salesianos a Camagüey en 1917.
Pero  lo que si podemos afirmar es que fue el único cubano que se relacionó epistolarmente con Don Bosco, y el primero que conoció y cooperó con la obra salesiana.

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