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Por: Gioberti Jiménez González.
Una linda sede tuvo por escenario el Festival Intergeneracional de Cáritas Camagüey que lleva el sugerente título del comienzo. El lunes, 10 de julio, fue la fecha escogida para el evento que, como en cada edición ilustró la labor de coordinadores, voluntarios, padres y beneficiados de cada proyecto en los respectivos programas de Cáritas.


En esta ocasión los artistas crecieron en cuanto al número, siendo muy notable el ímpetu de las personas mayores por crear y recrear a todos los asistentes a la gala. En un sitio tan especial como el coliseo que lleva el nombre de tan ilustre escritora del Camagüey, Gertrudis Gómez de Avellaneda, que ahora vuelve a ser un plaza hermosa y céntrica para las manifestaciones artísticas, se hizo presente la Iglesia de Jesucristo y entre telones y bambalinas, luces y sonidos amenos, los niños, adolescentes y adultos se sintieron gozosos, según opiniones recogidas después de la función.
El trabajo con los distintos grupos que atiende Cáritas en Camagüey es cada vez más coherente y diverso, haciendo útiles y auténticos a los que disfrutan del apoyo espiritual, emocional, material y formativo de cada obra social y cultural. Lo prueba la intrepidez de un abuelo, Juan Atanay, de la casa de acogida del Programa de Personas Mayores “Santa Teresa de Calcuta”, quien cantó décimas campesinas con gran desenfado y el corazón henchido de emociones, por disfrutar de la aceptación del auditorio y la presencia de sus hijos, alegres y animosos por observar la rehabilitación de su “viejo”, como cariñosamente le llaman. Aquellos hijos parecían niños contentos y admirados por la hazaña de su padre.
Igual sucedía con los padres de los miembros de los proyectos socioculturales de los programas Aprendiendo a Crecer y Grupos de Desarrollo Humano. Cada expresión artística explicaba el desenvolvimiento sicosocial de quienes ayer no tenían esperanzas de vida y hoy les falta espacio en su universo para regocijarse con toda la dicha de ser amados y creer en ellos desde el corazón.
Dios quiere hijos sanos y fuertes, felices y capaces, dispuestos a enfrentar cualquier dificultad por grande que sea; quiere que entre todos triunfe la alegría, el deseo de vivir, el ánimo de combinar colores y esperanzas para hacer de cada día una fiesta y de la vida un paraíso de luz y esperanza. Eso lo persigue Cáritas en Camagüey y se agradece cuando vemos chicos no perfectos pero sí felices; padres no derrotados pero sí satisfechos; personas mayores con poca juventud pero regocijados en la esperanza de vivir amando y sintiendo el amor de la familia que recibieron: los voluntarios y coordinadores de cada programa que les muestran un camino de ilusiones y esperanzas concretas para vivir con amor, comprensión y apoyo.
Gracias a Cáritas Camagüey por tan bonito espectáculo. Algo conmovedor para quien siempre sube al escenario pensando como ejecutor y no como como público; para un comunicador como yo, que creo en el amor, en la humildad del corazón, en el renacer de la esperanza y en los colores de cada gesto propio para vivir por y para los demás. 

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