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Por Merlis Pereira Velázquez.

En este tiempo de Pandemia, Cáritas Camagüey no detuvo su ayuda a los más necesitados. Desde los diferentes programas de la institución continúa la atención a los beneficiarios. Ejemplo de ello son las diversas formas en que los abuelos del Programa de Personas Mayores (PPM) se han visto beneficiados.

 

Habitualmente el trabajo con las personas mayores va mucho más allá de la ayuda material. Momentos de compartir, formación y oración, ejercicios físicos, artes manuales, visitas a museos, entre otras propuestas, integran las opciones de quienes llegan a este Programa. Otra de las principales ayudas brindadas don los desayunos y almuerzos en más de 10 comedores.

Sin embargo, estos meses de la Covid-19, ha sido un tiempo que innovar en las formas de llegar a los beneficiarios, sobre todo porque es precisamente la Tercera Edad el sector más vulnerable ante la epidemia. Por eso entre las medidas adoptadas estuvo el reparto de almuerzos en los hogares a las personas mayores, tomando todas las medidas sanitarias pertinentes.

Según el coordinador del Programa de Personas Mayores, Luis Monasterio, desde la oficina diocesana de Cáritas Camagüey se cocina tres veces a la semana para brindarle almuerzos a un pequeño grupo de deambulantes que no tienen las condiciones para hacerlo. Además de la ayuda monetaria, continúa la distribución de comidas en sus casas a beneficiarios del programa de PPM de Cáritas y de la Casa de Abuelos "El Diamante", perteneciente al Ministerio de Salud Pública (MINSAP), con la que los grupos del Programa han tenido encuentros de intercambio.

Por otra parte, los voluntarios realizan visitas a los hogares de los beneficiarios, con el apoyo de una psicóloga, para descubrir necesidades afectivas, dificultades familiares o necesidades materiales en las que la institución pueda colaborar, y también con el fin de acompañar a esas personas que muchas veces se sienten solas.

Los abuelos de los grupos de PPM expresan su agradecimiento por la bendición que Cáritas supone en sus vidas. Enrique Guerrero, beneficiario de PPM desde hace dos años aproximadamente, comenta: "Yo soy el mayor de todos, tengo 97 años y aquí me quieren mucho. Doy gracias a Cáritas por su ayuda, hasta el almuerzo me han llevado a mi casa. Esta es una gran familia. Ellos hacen las cosas con amor. Es un cielo en la tierra".

Ahora, algunos ya se vuelven a ver las caras, y es impresionante la alegría en los rostros de los que nuevamente llegan a la casa de Cáritas en busca, no solo de almuerzo u otra ayuda material, sino de esos amigos que acompañan y alegran la vida.

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