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Por P. Ignacio Zaldumbide Vilor

¿Cuál es el fin de la Iglesia?

El fin de la Iglesia es la salvación de los hombres, de cada uno de los hombres. La Iglesia es sacramento universal de salvación (LG 48).

Es necesario precisar entonces que el fin de la Iglesia es de carácter:

-  sobrenatural: Está por encima de nuestras fuerzas naturales, pues sólo con la ayuda de la gracia es posible alcanzarla.

-  inalterable: cambiar el fin de la Iglesia sería pervertirla y desnaturalizarla.

-  perpetuo: durará hasta la consumación de los siglos.

-  universal: se dirige a todos los hombres sin que ninguno esté de antemano excluido de lograrlo.

La salvación consiste en llegar a gozar de Dios en el cielo por toda la eternidad, previa la remisión de los pecados.

Cristo nos hizo posible alcanzar la salvación con su muerte y resurrección y la fundación de la Iglesia.

Nosotros los que formamos la Iglesia tenemos deberes con ella.

La Iglesia está para hacer presente el camino y la esperanza de la salvación de Cristo para cada hombre y para todos los hombres, de ahí que de nuestra pertenencia a la Iglesia se deriven deberes para los cristianos:

1.  Creer en la Iglesia: no se puede creer en Cristo sin creer en la Iglesia. No se puede ser cristiano sin la mediación de la Iglesia. “Nadie puede tener a Dios por Padre sin tener a la Iglesia por Madre” (S. Cipriano). “La fe en Cristo nos llega siempre a través de la Iglesia” (NCE 6, 13-10-1987).

2.  Conocer su doctrina: es la única doctrina salvadora que Dios ha dado a los hombres. Esto implica una adecuada formación en la doctrina de la Iglesia que no debe terminar nunca. Este conocimiento debe llevar al uso frecuente de los medios de santificación de la Iglesia, sobre todo los sacramentos de la Eucaristía, la Penitencia y la oración.

3.  Amor a la Iglesia: “Ella es madre y una madre debe ser amada” (Juan Pablo II). Ese amor es un amor de agradecimiento a Dios por pertenecer a ella, es rezar por ella.

4.  Extender la Iglesia: sentir la necesidad de que todos conozcan la plenitud de la verdad salvadora en Cristo, quien dio a la Iglesia el mandato de predicar el Evangelio a toda criatura, y la Iglesia es responsabilidad de todos los cristianos.

5. Defender la Iglesia: es protegerla de quienes la combaten. La Historia nos enseña de los abundantes ataques e impugnaciones a la Iglesia y su mensaje, y cómo los cristianos han llegado hasta el martirio por defenderla. Nunca puede ser una defensa con violencia, sino con el testimonio de la propia vida, con la palabra y el conocimiento profundo de la verdad.

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