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Esto se lo debo hace tiempo a nuestro arzobispo Juan.

Mi nombre es María Caridad Morales Marín, hija de Eugenio y Jorgelina, de familia humilde.

El catecismo me lo impartieron una señoras católicas del Central Estrella, sus nombres eran Ofelia Colunga, esposa del dueño de la tienda, y Giselda Méndez, esposa de un oficinista del Central. Tengo que agradecerles a estas dos señoras y a mí misma que siempre fuera católica.

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Soy misionero y voy a la Filial, en Sierra de Cubitas, un domingo al mes. Un día participó en la celebración de la Palabra una familia que fue a implorar al Señor por la salud de su hija de ocho años que estaba muy enferma. Ese día la comunidad rezó por ella con devoción, pidiendo a Dios que se sanara completamente de su enfermedad.

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Primer Momento:
Cinco sugerencias que nos pueden ayudar para este retiro:

  • El actor principal de este retiro es el Espíritu Santo. Por tanto imploremos el Espíritu como María y los Apóstoles en el cenáculo para que sea ÉL quien nos oriente todo este rato de oración. ÉL es el Maestro Espiritual.
  • Es importante en este retiro hacer SILENCIO. Estamos acostumbrados a hablar mucho…pero para descubrir a Dios es esencial el silencio. Si no hay silencios en nuestra vida nos quedamos en la periferia. La actividad excesiva, el trabajo, los quehaceres de la casa, el ir y venir, nos puede matar la profundidad de la vida.
  • ¿Cuándo un retiro es bueno? Cuando hay cierta insatisfacción personal y esto me lleva a la actitud del CAMBIO. Cuaresma es tiempo de cambiar. Si uno no crece, decrece: “yo no estoy contento con algunas cosas que hay en mí, QUIERO cambiar…”
  • Tener valentía para comenzar ALGO NUEVO. En este retiro voy a buscar pequeños propósitos, concretos y reales, y así mi vida espiritual no caerá en el vacío, en la rutina.
  • Este retiro nos servirá para ENCENDERNOS. Podemos llegar a este retiro: apagados, fríos, como los discípulos de Emaús. Dios quiere volver a encendernos el corazón…

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Yo era de La Habana y ella de Florida, a unos 492 km por la línea central de ferrocarriles de Cuba; ella estudiaba medicina y yo, un simple empleado de mantenimiento en el convento de las Siervas del Corazón de María; ella bonita y yo solo tenía la gracia de ser perseverante, apasionado y tener el corazón conquistado por el amor, y la confianza en el Dios de lo imposible. Hice todo por agradarle pero lo único que logré fue hacernos buenos amigos. Pasaron dos años en los cuales nos escribíamos todos los meses, nos contábamos nuestras experiencias, logros y fracasos, viéndonos solo cuando ella iba a ver a su hermana en La Habana. Hasta que en una de sus visitas las cosas cambiaron, ya no nos veíamos de igual manera pues el amor había hecho de las suyas y empezó un nuevo camino, el comienzo de un noviazgo que duró tres años, años de viajes Habana-Florida y Florida-Habana, para poder estar juntos y así conocernos más, aprendiendo cada uno el arte de amar al otro siendo completamente diferentes, y junto a Dios construir un camino para toda la vida.