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Es el último domingo del año litúrgico y corresponde, en esta ocasión, al 22 de noviembre de 2020.

La majestad de Cristo es de servicio y al final de los tiempos se afirmará como juicio. Hoy tenemos delante de nosotros a Cristo como Rey, Pastor y Juez, que muestra los criterios de pertenencia al Reino de Dios. Los criterios son los siguientes:

 

1.      Después de haber vivido la existencia terrenal en humildad y pobreza, Jesús se presenta ahora en la gloria divina que le pertenece, rodeado por hileras de ángeles. Toda la humanidad está convocada al frente a Él y Él ejercita su autoridad separando a los unos de los otros, como el pastor separa a las ovejas de las cabras.

2.      “En verdad les digo que cuanto hicieron por uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron”. Esta palabra no termina nunca de conmocionarnos, porque nos revela que el amor de Dios le lleva a identificarse con nosotros, pero no cuando estamos bien, cuando estamos sanos y felices; ¡no! sino cuando estamos necesitados. Y de este modo escondido Él se deja encontrar, nos tiende la mano como mendigo. Así Jesús revela el criterio decisivo de su juicio, es decir, el amor concreto por el prójimo en dificultad. Y así se revela el poder del amor, la majestad de Dios: solidario con quien sufre para suscitar por todas partes comportamientos y obras de misericordia.

3.      Al final de nuestras vidas seremos juzgados sobre el amor, es decir, sobre nuestro empeño concreto de amar y servir a Jesús en nuestros hermanos más pequeños y necesitados. Aquel mendigo, aquel necesitado que tiende la mano es Jesús; aquel enfermo al que debo visitar es Jesús; aquel preso es Jesús; aquel hambriento es Jesús. Pensemos en eso.

4.      Jesús vendrá al final de los tiempos para juzgar a todas las naciones, pero viene a nosotros cada día de muchos modos y nos pide acogerlo.

¡VIVA CRISTO REY! esta ha sido la exclamación suprema del siglo XX, las últimas palabras de los mártires católicos españoles, cubanos y mexicanos antes de entregar su vida por amor. es también hoy la aclamación que sale de cada corazón pero de forma sincera, que responda al servicio que cada uno presta a su rey en los miembros más débiles del reino: los hambrientos, sedientos, desnudos, emigrantes, encarcelados, enfermos, desplazados, perseguidos, ancianos abandonados, niños huérfanos…, los preferidos del Reino.

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