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 Hoy queremos recordar estos dos hombres, discípulos de Jesús, que dieron su vida, al igual que Nuestro Señor, por el Evangelio, jurando así fidelidad y amor a Dios y a los hombres.

Hoy en día que difícil es entregar la vida por Dios. Vivimos apegados a esta vida terrena, acumulamos bienes y riquezas, nos alargamos la vida con medicamentos y tratamientos, corremos detrás de cualquier “tesoro” o persona que creemos nos dará la felicidad.

 

Pedro y Pablo, hombres de fe, no lo hicieron así. Tenemos el ejemplo de ellos que, procediendo de realidades diferentes y teniendo historias de salvación propias diferentes, fueron capaces de dar sus vidas por predicar a Aquel que les prometió la Vida eterna.

Según la Tradición de la Iglesia, San Pedro fue obispo de Roma durante veinticinco años y fue crucificado de cabeza porque así lo pidió, pues no creyó ser merecedor de igualarse al martirio de Jesús y ser crucificado en la misma posición que Él, en el año 64 ó el 67 en el mandato de Nerón. Esto lo asegura el teólogo cristiano Orígenes (185-254) de Alejandría, cuando escribe: “Pedro fue crucificado en Roma, con su cabeza hacia abajo, como él mismo había deseado sufrir”. En este mismo lugar se levantó la Basílica dedicada a su nombre.

La Basílica de San Pedro la manda a construir el emperador Constantino hacia el año 323. Luego el PapaNicolás V en el año 1454 inició la construcción de la actual, que fue terminada por el Papa Urbano VIII,quien la consagró un 18 de noviembre de 1626.

Pero Simón Pedro no sería el único discípulo de Jesucristo en encontrar la muerte en Roma bajo el reinado de terror de Nerón, ya que Pablo de Tarso, el “apóstol de los gentiles”, por haber fundado comunidades cristianas en Antioquía (Turquía), Corinto, Éfeso y Roma, fue decapitado en la ciudad eterna probablemente en el año 67. Mereció una muerte a espada porque era ciudadano romano y la muerte en cruz era para la peor calaña de la sociedad.

En el lugar donde ocurre la muerte de San Pablo es no lejos de la carretera que comunica Roma y Ostia, según una tradición, la abadía de las Tres Fontanas ocupa exactamente el lugar de la decapitación. El lugar donde está sepultado y en tiempos del emperador Constantino se levantó la Basílica de San Pablo extramuros. En 1823 fue
destruida, casi en su totalidad, por un terrible incendio. León XIII iniciósu reconstrucción y fue consagrada el 10 de diciembre de 1854 por el PapaPío IX.

En la Basílica de San Pablo, bajo las ventanas de la nave central y en lasnaves laterales, en mosaico, se encuentran los retratos de todos los Papasdesde San Pedro hasta el actual, el Papa Francisco.

 

 

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